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Trump is not dead.

Publicado: 07/06/2017 de bocadecenicero en Cosas que odio, Imbéciles
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Debatíamos Amaranta (el gato) y yo, sobre lo que le pasó a la comediante (la Kathy Griffin) que ‘decapitó’ a Donald Trump, la persecución social, el estigma en el espectáculo, en fin. Toda la mierda por una foto de un sujeto que no le vendría nada de mal una decapitación pública. Pero ¿para qué ponernos extremistas?, comentaba Amaranta (el gato). Yo le decía que si hay que ponerse extremistas frente a la extremansia, asesinar a Trump, asesinar a cualquier político por medio de una performance, es parte de la libertad de expresión de la democracia, es muy incivilizado matar a alguien de a de veras, que al menos el arte nos salve de la vida. Y además es una manera mucho más clara que el voto democrático para demostrar desacuerdo con los poderosos que rigen al maldito planeta.

Amaranta (el gato), se lamía entre los dedos de su patita frontal izquierda, apelando al discurso pacifista de que no se puede frenar la violencia con más violencia. Es absurdo. ¿Te has preguntado?, decía Amaranta (el gato), ¿qué sentirías si alguien publicara una fotografía humorística con una cabeza de utilería de vuestra persona? Se lamió los bigotes de pura satisfacción.

No quise seguir el debate con el felino, porque siempre acabamos en violencia. Sin embargo, nos pusimos a comentar sobre un futuro distópico, una historia que se nos salió de los albores de la creatividad, aquellas imágenes se nos revelaban cual epifanía macabra, o un presagio raro, o una imaginación deconstruyente (porque la imaginación no destruye), ¿cómo nos imaginamos la muerte de Donald Trump?

Como para que Trump nos busque y nos arruine la carrera.

Estaba amaneciendo en América (la falsa, no la real), el sol salía con sus gafas a beber una gaseosa de cola bien fría, en las cocinas de sus espaciosos hogares, buenas madres mitad persona mitad delantal, asumían su posición de mula para poner frente a sus polluelos el cereal vitaminado, el sándwich de crema de maní, café y una dona para su amante y embrutecedor esposo.

En aquellos hogares los televisores ya estaban encendidos con las noticias de la mañana, los humanos del amanecer no son más que un resumen de ayer. Cuando de pronto la imagen de Melania Trump remecía todos los canales. De seguro nuestro cerebro creyó tener, en el subconciente, algo de esperanza al pensar que no puede haber mujer consciente dispuesta a casarse con un sujeto como él. Manos en la espalda, con esposas en las muñecas, sin ropa y ensangrentada, gritando y pataleando, como si la hubieran echado recién al mundo. Pienso que quizá algunos creían que era impotencia, los que la creían inocente, que era locura, una mujer bonita no puede saber qué es lo que hace, que era resentimiento, una venenosa puta, o similar, y bueno ¿Cuándo se han puesto los seres humanos de acuerdo en algo? Gritaba por gritar, y ya.

A Melania se le acusaba  de asesinar a su propio esposo, presidente del mundo, en el lecho matrimonial. Lo envenenó poco antes de irse a dormir, y una vez que el presidente comenzaba la larga agonía de un veneno aplicado en su justa medida, su esposa aparece en la habitación con un penetrante cuchillo de carnicero. Lo demás es Historia. Como un maldito colador quedaba el gran hombre del noroeste.

El juicio más importante del planeta (como aún no matan al Papa, por ahora no ha habido algo tan seguido por la prensa). ¿Y qué importa? Si ya se murió, pensaban algunos en la desolación de perder al sol colorado de cabellos ámbar. Trump representaba el fin de una era (no sabemos cuál), para el comienzo de una era aún más próspera (¿?), y por sobre todo, representaba la prepotencia de la ignorancia, la preponderancia del poder, y una cantidad de mierda cultural, el más bestia de todos iba a regir por sobre otras vidas. Una real tontería. Frente a los ojos de todo el maldito planeta. Pero todo aquello acabó de pronto en manos de la primera dama.

Melania guardó silencio. Nunca contó porqué lo hizo, ni siquiera cuando los temidos republicanos vampiros chupa almas del cuarto reich, le torturaron de las formas más humanas, el marqués de Sade no se la hubiese creído de estar ahí. 120 días de investigación, dio la fiscalía. Pero Melania no fue Juliette ni Justine, era Melania y nada más. Cada día más fea contaba la prensa medio aburrida de la noticia, ¿y quién va a ser presidente ahora? Eso no importa, lo importante era condenar a la perra ésa.  

Nadie sabía a ciencia cierta cuáles fueron los motivos de Melania, los noticiarios confundían a todos. Incluso a mí y a Amaranta (el gato). La viuda Trump gritaba que la soltaran, que le dejaran en paz, cosas por el estilo. No gritaba ni un vestigio de un porqué.

Fueron tiempos difíciles, por alguna extraña razón, que ejecutaran a la bruja o no, no acaba con el hecho mismo, la brujería ya estaba hecha y el presidente estaba muerto. Fin. Continuemos que el país se nos va a ir al carajo. Pero no. Necesitaban un norte que les ayudara a cerrar el capítulo, un funeral no es suficiente para que termine un periodo presidencial, no, necesitamos sangre.

Con el tiempo el largo y dudoso juicio se olvidó en la burocracia, y la sentencia pasaba a ser parte de las excentricidades de la nación, el libro Guinness en su nueva edición le tenían de portada, la gran ejecución del siglo XXI; Melania era condenada a pena de muerte por un plebiscito ciudadano inédito. Con ayuda de la NASA y de Harvard, se lograba construir una nueva y más gratificante forma de ejecución, que garantizaba un casi nulo dolor para el ejecutado (lo cual no les interesaba mucho), y que  a su vez tranquilizaba a las masas con su sed de destrucción y sangre no menstrual. Una licuadora gigante, como la que todos tenemos en la comodidad del hogar, a una escala lo suficientemente elevaba para que caigan unos diez seres humanos.

Las Naciones Unidas ya no podían con tanto soponcio en las reuniones que tenían frente a la locura que cometía el pueblo estadouniciano. Prefieren triturar a una mujer en vivo que manifestarse contra el neoliberalismo. Curiosas criaturas.

Los más pacíficos de la ONU querían declarar la Cuarta Guerra Mundial (En la Tercera, al final se fueron a pelear a otro planeta, Norcorea perdió, y Kim Jong-un explotó en el espacio producto de una negligencia de navegación, así cuentan).

Los más sensatos quedaban estupifactidos ante la ejecución. Algunas ONG y asociaciones por la mujer le calificaban de femicidio, puesto que no se llevó a cabo la investigación como correspondía (¡¿Cómo investigar si la arpía no decía nada?!), se asumía que ella era la asesina porque la encontraron en la habitación donde murió entre envenenado y desangrado el presidente Trump, con cuchillo en mano. ¿Qué otra evidencia se necesita? Con evidencias puedes probar lo que sea, aunque no sea verdad.

El mundo se dividía, la liberación de la Melania se mezclaba con la abolición de muchas cosas, de mucha gente. Tenías que huir de todos lados, si no querías quedarte a pelear, y lo más probable, morir. Morir peleando o morir muriendo. Una anarquía de proporciones bíblicas, señores, ¡está en las revelaciones, amigos!

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Se construía un enorme trampolín, donde Melania tendría que dar el salto a la purificación, voluntariamente, puesto que nadie se atrevió al final a abrir una compuerta, o si quiera programar una computadora para que abriera dicha compuerta. Ante ese acto de poca hombría, el ejército de los Estados Unidos (quien se  hizo cargo, personalmente, de la ejecución), declaró que para mayor tortura, tendría que saltar ella misma a las aspas.

La primerísima dama del mundo era triturada con transmisiones en vivo a todo el planeta.

Es una pena que la comediante haya quedado presa de un estigma, por algo tan libre como la performance, ¿incitación al odio? Depende de la perspectiva.

A modo de empatizar, nos quedamos con la reflexión que nos robamos de no sé dónde (no me acuerdo), sólo la robamos y ya. Robar es malo.

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Please, stop de musique.

Publicado: 09/04/2017 de bocadecenicero en Cosas que odio
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Mi relación con la música nunca fue de las mejores. La casa de mi infancia no era muy sonora. Ya a fines de mi estancia en aquel hogar, cuando mi hermana llegaba a adolescencia y mi madre a la locura, se oían de vez en cuando alaridos de ambas partes, al bañarse, al hacer el aseo. No es que fuera del todo molesto, pero tampoco era lo que mis oídos inocentes estaban destinados a oír.

Con los años he logrado acercarme más a la música. Sin embargo, no la comprendo. Muchas veces me molesta. Pero igual la necesito para desarrollar ciertas actividades, como para caminar por la calle o para ignorar a la gente.

Una de las tiránicas instructoras voluntarias sobre canto que tuve alguna vez, se tomaba la música demasiado en serio. No menosprecio el arte, sería miope e intransigente de mi parte; no es eso. Sólo que la música, por alguna extraña razón, se ha extralimitado en sus alcances. Socialmente es superior a cualquier otra expresión más silenciosa. He conocido una buena cantidad de sujetos que juguetean con instrumentos (en su mayoría tocan la guitarra), unos mejor que otros. Un centenar de vocalistas (las féminas encabezan la lista). O simples coleccionistas aficionados al sonido, ¡cuál de todos más sordo!, aman cualquier música, siempre y cuando suene como el estruendo del juicio final; tal como el astronauta que llegó a tener más de 5000 canciones en un computador viejísimo (al computador había que ponerle el ventilador de la casa porque no funcionaba el suyo y se apagaba por recalentamiento, y nosotros nos cagábamos de calor sin ventilador; lo pasamos bien con esa maquinita). Todos ellos constituyen el 80% de la gente que conozco o he conocido, un porcentaje muy alto a mi gusto.

Recuerdo que en ocasiones ciertos músicos me presionaban constantemente a escribir canciones. Yo lo odiaba. No tengo ni pinche idea de cómo mierda se escribe una canción. Claro, si uno puede juntar una o dos frases, puede escribir a la perfección una canción que le llegue al alma de algún público determinado. Por supuesto. ¡Necedad! He visto a tantos malos músicos cantando canciones deprimentes que salen de sus extrañas mentes ególatras que les dicen “por supuesto, eres el mejor”, como la gente que sube sus selfies, o las fotos de sus horrendos bebés, los que se anuncian como un gran artista “hola, soy malabarista y me llamo Juan”, o los que escriben un blog de mierda podrido como toda la internet olvidada de la maldita buena tierra del señor. ¡¿Por qué tanta vanidad?!

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Yo no quería escribir una canción. He escuchado canciones que me han dado en  un nervio, y dudo mucho que yo podría alcanzar ese nivel de cercanía musical con los otros, o conmigo. Pero no hay como aplacar ese sentimiento de grandeza imaginaria que los músicos han desarrollado en el último siglo, o sea, los más pobres, o ignorantes, los siervos de la gleba de nuestra pútrida sociedad comercial desean ser futbolistas, modelos, grandes personajes de la televisión con senos tiesos enormes y cerebros pequeños, burdos cantantes populares en casos más talentosos. Mientras que los niñitos cultos, intelectualoides de tomo y lomo, ovejas fuera del rebaño, pero ovejas al fin y al cabo , soñamos con ser estrellas de rock, hippies amados por la multitud, cantar a las injusticias con tonadas complejas y emotivas, llenos de talento y pasión. Uy. Sí, nos iremos de gira, y la meta será Japón, la cúspide de la existencia por medio de nuestro melodioso andar.

Pero claro, esta clasificación sólo se aplica a los soñadores sin remedio. Puesto que la gente un poco más compuesta, con los pies bien puestos en la mierda, sueñan con carreras lucrativas, bienestar económico familiar, vacaciones a los paraísos bien pagados.

No nos sentimos tan afín a la música. Sí, nos gusta escucharla. Sí, también soñamos con dar un concierto ante un público que nos amaría. Pero desgraciadamente, a nuestro entender, el talento no nos acompaña, y mucho menos la pasión. ¿Cuántos se sentirán así?

El ‘mal’ músico me da tanto o más miedo que un mal escritor o un mal dibujante. Por lo menos con los últimos dos uno aprende lo que no tiene que hacer. Pero un mal músico es una ratilla astuta que logra poner en desarmonía los oídos, de alguien, de quien sea, de gentes que no son tan difíciles de encontrar, a diferencia de los parturientos de las malas esculturas o el mal teatro. Producen desconfianza esos ukeleles inocentes, el yembe de la buena onda, una dulce voz que nos aterra por su descaro imprudente, penetrante, invasivo. Un libro no lo lees y ya, cierras los ojos y la pintura se esfuma, pero una canción te persigue, una horrible mal formación genética nos impide cerrar los oídos para olvidar que el llanterío está ahí. Se te pega la letra, la melodía te busca con sus pegajosas manotas. La pesadilla de escuchar todo el tiempo.

Recuerdo a un don Ricardo (no ocultaremos su nombre esta vez, era un buen sujeto), que me enseñó lo que a Lisa le enseñó su maestro de música “Hasta el concierto más noble puede ser despojado de su belleza”. Este profesor estaba tan obsesionado con la idea de la difusión de la música (como si la Tierra necesitara más ruido), que insistía en que todos tocaran instrumentos, por muy feo que fuese el instrumento o por muy bruto que fuese el alumno, no, él no era capaz de decirle a los adolescentes en proceso de formación de una personalidad delimitada, que eran una papa para la música, tubérculos insipientes y deprimentes. Ese Ricardo me destrozaba los nervios y los oídos con su orquesta de aullidos agónicos de malas voces con instrumentos que suplicaban perdón, cada vez que irrumpía en sus dominios. Nunca nos llegamos a entender. Era un buen sujeto, como dije, pero esa insistencia en la uniformidad del arte, me repelía un poco.

¿Han odio hablar de aquellos que de repente les gusta sentarse a escuchar música?; y sólo eso, se la pasan en youtube o spotify, chequeando canciones nuevas, sufriendo nostalgias con las antiguas. Impensable. O en las chinganas de la juventud, en momentos donde ya no hay de qué hablar, porque de todos modos nos teníamos, ni tenemos, ni tendremos nada que decirnos entre los asistentes, más que mal queríamos estar drogados o ebrios sin sentir tanta vergüenza o soledad, y la música suena, y uno que no empatiza con el bullicioso silencio de la música en el fondo de una escena vacía, se toca las manos, mira a los asistentes a ver si alguien se le ocurre algo de qué parlotear. No señores, eso es desesperación pura.

A modo de conclusión hemos decidido devolver un poco de dignidad al arte más vaciado de todos. En nuestro entender, la música es un ácido aderezo para las imágenes, que las hace más sabrosas, más dichosas. Las imágenes solas no son tan exquisitas, a diferencia de lo que su pretenciosa presencia intenta decirnos. Las músicas nos hacen salivar demasiado, tienen un gusto raro. Pero una buena imagen junto a una buena música, es una gloria orgásmica.

New chilean Freud.

Publicado: 04/04/2017 de bocadecenicero en Cosas que odio, Historias de interés

El día lunes (ayer), iba en una vetusta máquina destartalada del transporte público, porque cuando no quieres caminar, tienes que andar en el autobús como un pobre diablo. Y bueno, en una de las paradas conecté mirada con un sujeto que se encontraba parado en la calle. Sujeto al que llamaremos don Bolsa de Pus. Don Bolsa de Pus es un sujeto desagradable un par de años mayor que yo. No tiene mucho que ofrecerle al mundo más que una cara de culo y un aroma de macho alcohólico.

Lo conocí en una de mis vidas pasadas. No sé como un sujeto como él pudo rodearse de tantos amiguetes. Don Bolsa de Pus es de esos sujetos que en la adolescencia se creía de los medio malvados, pero en realidad era uno más de los descerebrados, como todo el mundo, precoz bebedor que ya tuvo su primera cagantina con sangre producto del exceso de vino y cerveza. Un clásico. En ese entonces me vi semi forzada a tratar con Don Bolsa de Pus, más que mal, él era quién ofrecía la casa para las tertulias de los jóvenes con los que me codeaba en aquel entonces. Lo odiaba, y sé que él me odiaba. No sé porqué me odiaba, en general los sujetos como él suelen odiarme, pero nunca he tenido la oportunidad de preguntarle a alguno de ellos porqué es que me odian.

Me examinaba a mi misma preguntándome qué es lo que un idiota como él podría repeler de alguien como yo. Pues bueno, él y los amiguetes se rodeaban a menudo de chicas bien vestidas de cabello largo, medio bobas, y si no lo eran, al menos tenían que parecerlo; nunca vi a alguien como yo. Además el ambiente machuno que expele gran parte del país en ese grupito se sentía tan o más fuerte que el aroma a cuerpo que expelían.

El señor Bolsa de Pus tenía una pandilla. Tenía una motocicleta. Tenía padres relativamente jóvenes que lo dejaban sólo en casa, dándole la libertad de embriagarse como piojo cada día de la semana. Él estudiaba tranquilamente en una carrera de mierda en una universidad privada pagada por sus padres, sólo tenía que preocuparse de estudiar. Lo odiaba porque era un jodido imbécil en una vida que le debió corresponder a algún otro. A mí por ejemplo. O a quien sea, menos a él. Parecía tenerlo todo. Ni la justicia poética me consolaba. Es feo como… no sé, algo muy feo, imaginen lo más feo que sus ojos han presenciado, él sería una mezcla de muchas de aquellas fealdades que os figuran en vuestras mentes. ¿Y qué importa? Tenía todo lo demás de todos modos.

El sujeto olía a mil diablos y tenía un horrible bigotillo de vejete, con veintitantos se veía como un viejo de mierda, de esos que te topas a lo largo de todo el país en los salones de pool o parados mirando jovencitas en las esquinas. Estudiaba psicología para colmo, se creía el new chilean Freud, era un bruto de primera en lo que se supone que sería su especialidad, pensar que él algún día tendría un título que lo pondría por sobre muchas otras personas que conocí en algún momento que tienen más conocimientos y capacidades y que simplemente no han tenido la oportunidad, me causaba náuseas. Oírlo hablar, un dolor de cabeza. Siento pena por sus futuros pacientes.

De seguro pensaba que yo era una estúpida o similar. Muchas veces en el ambiente estaba esa sensación de superioridad. Al menos nunca consideraba mis aportes dentro de las interesantísimas conversaciones que lograban escupir de vez en cuando su banda de palurdos; falacias tras falacias, reflexiones hombrunas de postadolescentes que creían en las verdades universales, citando libros insípidos respaldados en la educación formal descriteriada y desinformante. Había veces en que ni siquiera hablaba cuando discutían un tema, los miraba y nada más. Las buenas damas callaban, mientras los caballeros se dedicaban a hablar incoherencias adornadas con Pink Floid y Platón. Señores, nunca hablen de Pink Floyd y Platón para parecer inteligentes, es como un, ¿cómo decirlo?… suicidio intelectual.

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Nota: Los autores del blog declaran que no tienen nada contra Platón ni mucho menos contra Pink Floyd… pero… ya saben…

Yo en las fiestas en su casa sorbeteaba un vodka barato con sprite en un rincón de la vida social, la única pelotuda a la que le gustaba el vodka, los contertulios bebían vino y cerveza; yo lo miraba en el centro del universo e imaginaba torturarlo. Lo imaginaba desnudo, y yo, clavándole agujas por toda su grasosa piel, él moría desangrado, y yo arrojaba el cadáver a un gran contenedor de cerveza para que el hueón flotara un rato. Imaginaba puras estupideces, lo sé. Pero en cierta medida imaginar las cosas malas que le podríamos hacer a nuestros adversarios nos da un poco de poder, una esperanza, al menos un sosiego que nos permite dormir tranquilos. No es que vayamos a concretar nuestras oscuras e incoherentes intenciones, es más probable que si nos viéramos en la situación, nuestra misericordia sería superior a cualquier diferencia que podríamos tener con quién sea. Lo importante es mantener las intenciones locas en la cabeza o convertirlas en arte. Lo uno o lo otro.

De todas formas creo que recuerdo al señor Bolsa de Pus más desagradable de lo que realmente es, o era, o lo que sea, más que mal, todos los tiempos ocurren para nosotros en un ahora, y ser, era o será, más allá de la gramática, no tiene mucho sentido.

Me gustaría algún día saber cómo me veía él, saber qué había detrás de sus miradas suspicaces, de sus comentarios de mierda sobre lo que yo decía. Quizá no tenía nada personal contra mí, y era y es igual de imbécil con todos los seres humanos. Su vida de niño sin amor paternal llena de todo lo que un joven puede desear era muy poco para él y necesitaba, al igual que yo, odiar a alguien.

Me lo sigo preguntando.

La pirámide de Ofelia.

Publicado: 06/11/2016 de bocadecenicero en Cosas que odio, Random
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Por la gran torpeza de la existencia humana, tuve que subir y bajar, del primer al segundo piso, por lo menos unas ocho veces, a la sexta vez ya estaba con un hematoma de rabia en el cuello. Pero se me seguían olvidando cosas, qué wea más desagradable. Más encima, cuando por fin me pude sentar, me di cuenta que estaba muy agitada y con la respiración a media capacidad. Tengo que dejar de fumar, me repito neciamente.

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Para mí sorpresa, luego de que se pasó el pequeño fenómeno asmatiforme que me atacó por unos segundos, estuve mucho rato pensando en qué texto moldearía con mis toscas palabras, llenaría de saliva mental un frasquito para su resguardo en una estantería llamada blog, y así en un futuro depositarlo en esta fuente mágica pantalla de computador, que le permiten a nuestro espacio precraneal revivir los textos una y otra vez.

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Y me quedé divagando mucho rato, sobre la simpleza de las cosas. Y de como hay un millón de cosas que la gente dice que son difíciles, y mi experiencia aposteriori me demostró lo contrario.

Ejemplo, cuando aún era un huevo con patas, sin eclosión a la deprimente realidad, mi hermana mayor y sus compañeros me metían miedo respecto a la dificultad de los años venideros, academicamente hablando. Y año tras año me fui dando cuenta de lo imbéciles que eran esos sujetos.

Si viene siendo cierto que no todos tenemos la misma suerte, también es cierto que, de cierta manera muy mística, cada cual construye su propia suerte. Como vemos en esos carteles de mierda que hay en todos lados, llamándonos con una patética poesía a tomar las riendas, ser amos del destino. Dios santo.

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Una vez con una profesora de filosofía a quien llamaremos Ofelia, por loca, vivimos una situación muy particular. Resulta que unos cofrades de la clase, expertos en anarquía inconsciente, no habían echo los deberes que la maestra Ofelia nos había encomendado. Yo, en ese entonces tenía el cerebro aún hecho gelatina por las hormonas (y bien líquida la gelatina de ese entonces); le pregunto a la señorita Ofelia porqué hay gente que se resiste a hacer algo tan básico, tan simple, pienso ahora, que ni merecía la pena desperdiciar momentos bellos de la breve existencia reparando en el lenguaje que se supone que deberíamos tener según los estandarizados exámenes gubernamentales. Ella me observa un momento, seguro que pensaba en una respuesta profesóricamente correcta, políticamente divulgable e intelectualemente aceptable. No se le ocurrió nada mejor que decir “bueno… alguien tiene que barrer las calles, siempre habrá ese alguien que deba estar al fondo de la pirámide”. Y eso que Ofelia era sólo una de las pseudo liberales que arriaban el ganado, todas parecían ser igual de locas.

Me sorprendió el comentario, puesto que doña Ofelia es una declarada socialista, supuesta antisistémica de forma moderada, por supuesto, siempre y cuando la pedagogía estatal lo permita. No podemos ser amos de nuestro destino, perseguir nuestros sueños a como dé lugar. No, porque siempre habrá alguien barriendo calles, mal pagados, mal paridos, miserables de toda las clases, etnias, lenguas, credos y demases.

Como cada vez somos más los seres humanos que pisotean el planeta con sus insolentes pies de fenómeno bípedo, la pirámide se ha echo enorme, por lo que hay más espacio en las casillas para meter a más prole o a más privilegiados. Lo que venga primero. Ahora, con la digievolución de las sociedades, se puede, más o menos, pulular entre las casillas de la pirámide humana. un hormigueo constante que está desfigurando la figura. Un día no nos daremos cuenta, y la pirámide de los poderes se va a ir a la mierda, terminará siendo un dodecaedro desfigurado por las guerras, el hambre, el abuso y la basura. Sólo ese día se dieron cuenta de que deberíamos ser un círculo, esfera tridimensional, libe de esquinas prole y el ojo del dolar suplementando para los 180° de la desigualdad.

Me gustaría decirle a Ofelia, que ojalá nunca le toque barrer calles, tener salud estatal, y ni saber qué carajo es la pirámide.

Hola.

Publicado: 13/10/2016 de bocadecenicero en Cosas que odio, Random

Desperté con una extraña hinchazón en el ojo derecho. Irónicamente es el ojo por dónde menos veo, y ahora que tengo la molestia, veo peor aún.

Se supone que hoy pensaba escribir sobre lo mucho que no me gusta saludar a la gente. Pero creo que por ahí ya tuve un manifiesto firmado con mi constante apatía y poco sentido de la alegría (porque sentido del humor, sobra).

Ahora, de todas formas, no fue eso lo que me quitó las ganas de escribir, fue más bien un pequeño recordatorio que mi cable a tierra implantó en mi subconsciente “eso no es poner de tu parte”.

Me pregunto si a al señor Nietzsche alguno de sus detractores o alguien de la familia, alguna de las féminas que él parecía tanto aborrecer le dijo en algún momento “decir que Dios está muerto es no poner de tu parte”. Seguramente con lo metido que es el mundo intelectual, las madres y el prójimo en general, le dijeron eso; sin embargo don Friedrich, ente masculino, blanco, eurásico, con sangre aria según don Adolf, no se dejó derrumbar por algo tan burdo, y siguió reconstruyendo sus teorías, yendo cada vez más allá, y no se quedaba estancado pensando “no pongo de mi parte”, simplemente no reflexionaba cosas banales. Culiao pro. Pero claro, era ultra solitario, seguramente porque nunca se dio el tiempo de pensar “bueno, quizá el mundo no es tan mierda después de todo”.

Si yo tuviera algún rival de ideas (que espero que algún día se presente, así las cosas se pondrían un poco más interesantes en la aburrida vida en la Tierra)

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Seguramente el detractor me diría lo mismo que le dijeron a don Friedrich: “¡Cómo desprecia al mundo que le dio la poca inteligencia que tiene!”; el mejor insulto para los haters viene del pasado.

En fin, para despedir este insulso e insípido posteo, nos quedamos con una cara de la adorable Lisa, que nos recuerda como no tenemos que enfrentar al mundo.

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Estamos jodidos.

Publicado: 31/08/2016 de bocadecenicero en Cosas que odio, Opinión
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Mi feminista favorita tiene un proyecto muy interesante con un muchacho que según él no es machista, pero es muy obvio que sí lo es, como pasa con todo el puto mundo, así que se dio a la misión de bombardearlo con imágenes, videos, etc, vía facebook para que muchachote entre en conciencia respecto a la discriminación de genero y la huea.

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Entonces, en la medida que fui recorriendo las imágenes, viendo cosas de las feministas, leyendo cuanta cosa salía respecto al tema en las redes sociales, me puse a pensar que, así por decir algo, no me tomen a mal…. pero, ¿y si el mundo tiene que ser injusto? ¿y si las mujeres tienen que aguantar toda la mierda porque ese es el plan de nuestro señor?

Leyendo una cosa de don Aristóteles (misogeno por excelencia), respecto a sus teorías de la esencia de las cosas, ligando la cosa con la ética, afirmando que podemos diferenciar entre lo “bueno” y lo “malo” respecto a la función o telos de la cosa misma (sentando así, las bases para la teleología), o sea, Aristotelito decía que, un ojo, por ejemplo, su causa final es ver, por ende, un buen ojo es aquel que ve.

El tema se pone difícil cuando nos replanteamos la posición de la mujer en medio de este mundo enfermo y triste, porque claro, no falta el tarado que dice que ellas están en el mundo para parir, y una buena mujer es aquella que es una parturienta desinhibida (mientras los fetos sean del mismo semen, claro está), y no pude evitar pensar a la vez, en mis delirios sobre la mujer, según dios cristiano estamos para reproducirnos e irnos al cielo, por ende una sujeta (sexismo en  el lenguaje la lenguaja) que se dedica a eso, estaría siendo una buena mujer, mientras que la que se dedica a pensar, a protestar, a feminismisar, es una loca de mierda que no está destinada a dejar sus semillas de maldad en la viña del señorsss…

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En cuyo caso, pensando en yo, por ejemplo, suponiendo que las niñas están en el mundo para gustar de los niños y viceversa, si las niñas tienen que parir, y estar destinadas a ser el ente castrado que envidia el pene, pues, es una real mierda.

Pensaba entonces, en esos fascistas que se creen espartanos, que dicen que los con síndrome de down y los homosexuales no deberían existir, considerando la teoría darwiniana de la supuesta selección natural, sujetos que no respetan el supuesto orden natural no son más que malas mutaciones, deberíamos tirar a las malas mutaciones por un risco para perpetuar la especie con lo mejor de lo mejors.

Y quizá, sólo quizá no se equivoquen, todos nosotros hacemos cosas ‘contra natura’, desde los que se ponen frenillos, hasta los que se operan para tener una vagina, desde los que los que usan inhalador para no morir de asma, hasta los que prolongan un cáncer durante años. Deberíamos tener los dientes caídos y haber muerto hace mucho.

Pero entonces, volviendo al telos, no hay forma de determinar si un ser humano es “bueno” o “malo”, aquí nadie sabe nada, sólo se puede saber lo que dispone la reina, y no hay gato risón que nos guíe hasta ella, así que estamos jodidos.

Estamos jodidos.

De que la cosa está ladeada, es cierto, cuesta creer que después de tanto sostén quemado, tantos senos al aire y tanta fémina muerta, la cosa no haya cambiado, ¿será que no ha sido lo suficientemente violento? quién sabe, quién sabe.

Fletus in Extremis.

Publicado: 07/07/2016 de bocadecenicero en Cosas que odio, Gay-world
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Hace unos, por ahí, mi feminista favorita presenta una curiosa imagen llamó mi atención, era sobre la celebración del día del “orgullo gay”. Resulta que un imbécil cerebro de nuez, al parecer publicó en twitter una frase, no la recuerdo literalmente, pero aludía al injusto, cruel y arbitrario hecho, como una pregunta retórica, de que por qué no había día del orgullo heterosexual.

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Tomemos una pausa para digerir:

Continuemos.

Cuando ella me muestra la imagen, además menciona que un sujeto de por ahí comenta a vox populi, que era una tontera, porque a los heterosexuales no los acosan por amar , por besar, por follar con quien les gusta, no los matan, no los insultan, a lo mucho, se hace un “uhhhhhh” burlesco para hueviar a alguien con la persona que le gusta (no falta el que se enoja).

Yo me quedé unos momentos reflexionando al respecto, con un universo de posibilidades en mi mente, pensando en todos aquellos que algunas vez fueron ultrajados por otros por el simple y vano hecho de aparecer en la Tierra con apariencia pintoresca, los negros, las mujeres, los pobres, pelirrojos, y un sin fin de leprosos que nos hemos encontrado a lo largo de la historia de la humanidad. ¿Qué se puede pensar al respecto?

Una vez hablando con Roxy, llegamos a la conclusión de que deberíamos fundar un grupo extremista ultra gay, Fletus in Extremis, alguna huea así, onda, vestirnos con capuchas de arcoíris y quemar parejas heterosexuales en la hoguera, invocar a Cthulhu, y beber sangre de vírgenes menstruando, distorsión, rituales, intolerancia y sabadebodueira. Nuestro panel de expertos ilustradores nos dejaron la siguiente gráfica:

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Podríamos actuar como un grupo separatista, en pos de la violencia para defender a los débiles y desamparados homosexualos, y buscaríamos sujetos como el que hizo el comentario de mierda y le haríamos unos cuantos cariñitos de parte de este lado de la sexualidad.

Pero entonces recordé a liberales de blando corazón que dicen que eso no soluciona nada, la violencia sólo trae más violencia y no sé qué. ¿Saben? todos los años mueren muchos homosexualos en manos de imbéciles movidos por pensamientos como el que twiteó el desconocido (nadie le contó sobre la responsabilidad intelectual de la que hablaba el señor Popper), y aun así no se ha generado más violencia… o más bien me equivoco, si se ha producido más violencia, pero siempre en una misma dirección.

Es injusto. Por lo menos si la violencia genera más violencia, que sea equitativa. Violencia para nadie… buh! Bien, violencia para todos… buh! Ok, violencia para algunos, banderitas del orgullo para otros!

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Como siempre digo, si queremos igualdad, igualdad hasta para agarrarnos a combos. Me encantaría agarrarme a puñetes con un homofóbico ahora mismo (ayudaría a entrar en calor con el frío de mierda que hace en este rincón de la hispanidad), y a ratos me molesta tanto pensar que nadie ha hecho nada, no hay ningún grupejo de sujetos calvos por voluntad que salgan por las noches a casar homofóbicos; no hay un gay cagado de la cabeza que llegue a un puesto importante en el senado que grite como parturienta a los cuatro vientos el cada vez somo más, esas cosas no pasan.

Ahora la pregunta es ¿debería pasar?, seguramente si nace algo así, entonces automaticamente la comunidad LGTBIABCDEFGH se convierte en blanco de exámenes anti terroristas y todo sería peor que como está.

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¿Realmente le hace falta el día del orgullo a alguien que lo tiene todo?, es como celebrar el día de la raza blanca, el día del varón, la marcha del orgullo empresarial, otorgar bonos de existencia a los mayores de 18 y menores de 60, y dejar en un acta que los heterosexuales tienen el derecho de poder casarse, tener hijos como se les ocurra (cantidad de formas creativas para poseer criaturas hoy en día) y que pueden ir de la mano en la calle con toda tranquilidad;  al margen de todo este circo estarían los maricas de mierda, las feminazis, niggers y sudacas mirando como el mundo se regocija en su mierda, en sus celebraciones a la estupidez, a la obviedad, al egoísmo de no entender que es muy penca nacer para ser segregado por lo que ellos descaradamente llaman “la mayoría” (como si la democracia hubiese hecho algo importante, decente y creíble por alguien)

Vámonos todos a la mierda.