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Escritor Crepusculiano.

Publicado: 31/05/2017 de bocadecenicero en Historias de interés, Opinión
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En esta búsqueda del saber, siempre nos encontramos con sujetos que arrinconan nuestras expectativas y te encierran dentro de ciertos marcos y cosas por el estilo.

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No podemos aborrecerlos, más que mal le debemos nuestra iluminación primaria a la palurda educación formal.

No obstante tenemos que estar siempre atentos a nuevos horizontes. Ser críticos y curiosos,  la mierda que sea. El comportamiento humano se puede analizar desde cosas tan importantes y abismantes como las guerras en el medio oriente, como por medio de cosas tan absurdas e irritantes como las redes sociales. En todo se deja su rastro de materia gris que al final sirve para seguir esparciendo mierda y blablablablería.

Dentro de esta premisa nos encontramos el otro día con un relato estremecedor sobre los escritores que escriben “mal”. Una conversación que se nos salió de control y gracias a nuestro panel de expertos, logramos rescatar parte de este estremecedor relato en voz de una ex fanática de Tokio Hotel rehabilitada, un orgullo para la nación, por supuesto, que nos quiso contar su trágica experiencia dentro del lobby de los malos escritores de los fandoms en internet. Una escritura deprimente que nuestra entrevistada decidió llamar como los escritores “Tipo Crepúsculo”, vil reflejo del arte en pañales o la mediocridad, juzguemos por nosotros mismos.

Nota: el siguiente relato fue medianamente editado por poseer mucha grosería y coquetería de lenguaje pornográfico. Se solicita discreción.

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-¿Qué es el escritor tipo crepúsculo?

R: Pues, en mis propios términos, es el tipo de escritor lineal, narrador primera persona (generalmente), con historias muy imaginativas. Me recuerda mucho a las chicas del fan club de Tokio Hotel, donde escribían fanfics con estas características. O como ocurrió con las 50 sombras de Gey …
Creo estar generalizando un poco, quizá no es del todo así, con características tan específicas, pero (las chicas del fan club como escritoras crepusculares), abarcaban historias muy clichés de “como conocí a Bill (o Edward o Christian Grey, o la huevada que sea), y mi vida cambió, todo maravilloso”, la historia se centra en eso.

-¿No en la vida cotidiana?

R: Claro, y todo ocurría porque conocían a esta persona fantástica.

-Amorosamente

R: Claro, la modalidad Fic es para reflejar el deseo de sí mismas en su propia realidad imaginaria…

-¿Muy hormonal?

R: No sé si le podría decir “Hormonal”, ellas (las del fun club de Tokio Hotel), al menos en su forma de comportarse (y de escribir), los amaban, ellos representaban su felicidad adolescente, un día en que el rockero las ve y se enamoran y se casan, cosas por el estilo…

-Espera, una pregunta ¿Tú realmente crees que alguna de ellas estuviera enamorada de Bill? Así, de a de veras.

R: Podría ser. Una de las cosas que más me llamó la atención cuando entré fue la pregunta inicial…

-¿Cuál de todos te gustaba más?

R: Cuál de los cuatro me gustaba. Todas tenían su preferido.

-¿Alguna inclinación?

R: Todas amaban a Bill y a Tom; Georg  y Gustav eran menos cotizados. Si te gustaba uno de ellos eras única y diferente…

-(Risa)

R: Si elegías a uno era como…

-Tu novio, marido, amante esposo.

R: Sí, una especie de pololo designado. Si te gustaba Bill escribían sobre él. Tenías sus poster, hablabas de él, etc. Así con cada integrante de la banda.
¿En qué se compara todo esto con las 50 sombras de Grey, por ejemplo? Se comentaba que la E. L. James en un principio quiso seguir la historia de Crepúsculo de forma más “erótica”, de seguro pensando ¿cómo tienen sexo?, quizá ella se imaginaba a sí misma en acto amoroso con el Vampiro, o en el caso de la Stephenie Meyer, en una de esas ella quería conocer un vampiro y simplemente se lo imaginó.
Creo que por ahí va la idea del escritor “tipo Crepúsculo”, imaginas algo que te gusta imaginar y lo escribes de la forma que sea; es algo que se ve mucho.

-¿Son un tópico, un estilo?

R: Para mí sí. Y no digo que no haya existido antes del boom de libros para público adolescente (por otra parte no he leído tanto Cohelo como decir que no existe de diversas formas (Risas)). Pero el fenómeno Crepúsculo (o como lo fue Harry Potter), atrajo a una cantidad de lectores primerisos que leyeron eso, y les gustó, les encantó y lo reproducen en su forma de escribir.

-¿Se les pega?

R: Te aseguro que las que se enamoraron en Crepúsculo, leyeron las 50 sombras.

-Entonces, entendiendo un poco mejor este escritor Crepusculiano, ¿tiene alguna desventaja frente a su condición con respecto a otros tipos de escritura?

R: Em… depende… No, creo que no. Lo principal para entender a esta escritura, a este escritor, es desglosar sus diferentes formas:
Número uno, tienes a uno al que vamos a llamar el Rey, the Big Boss, ¿Quiénes son?, pues la Stephenie Meyer y sus derivaciones, gente que escribió, vendió y se volvieron millonarios escribiendo en base a sus imaginaciones y blablablá. Y bueno, siempre hablando desde mi punto de vista (sin ofender a nadie), para mí es una escritura mediocre, para que quede un poco más claro, ellos escriben así, escriben mal, son aburridos, muy lineales, y la vida cambia fantásticamente en una historia que puede ser buena, pero contada de la peor forma. Aun así venden, y venden mucho, al punto de generar boom adolescente, son los Supremos

-The Next Supreme…

R: Luego está una segunda categoría, que tiene todos los atributos anteriores pero no venden, el clásico escritor que se publica en internet…

-(Risas)

R: (Risas) Que escriben Fics, o blogs…

-Como nosotros.

R: (Más Risas), como ustedes, sí. Pero ustedes no son este estilo del que hablamos.

-¿Ah no?

R: Conozco muchas personas que si escriben en internet y que tienen la idea de que sus escritos son buenos, son entretenidos, originales, no sé. Muchos de ellos escriben así como secuela de haber leído tanto ese tipo de escritores, historias.

-¿Secuelas mentales?

R: (Risas) mmmm, No. Como que, en general, uno se inclina a lo que le gusta o lo que le acomoda. Es súper fácil de leer ese tipo de escritor, no tiene mayor complicación, no tenías que pensar, leías y nada más, leer, leer, leer, como leer el periódico, y hasta eso es más entretenido. Recibes información que después, probablemente, deseches.

-Eso pasa cuando lees, ¿Y mientras escribes así, se piensa algo?

R: Piensas más en la historia en vez de pensar en cómo la vas a exponer. Ejemplo, soy una chica que conoce a un chico… ¿cómo nos conocimos? ¿qué nos gusta uno del otro? Te concentras mucho en recursos de tu imaginación, en contar algo que no se ha contado antes, pero no piensas mayormente en cómo escribirlo.
Hay libros que no tienen una trama compleja, pero la forma en que se narra es mucho más llamativa. A diferencia de las historias de un escritor crepusculiano.
Y… hay un tercer tipo que es el que sabe que escribe como Crepúsculo, pero que tiene…

-Tanto ego…

R: No, pues el otro es ego, el que escribe y público con orgullo. Este otro es una persona que sabe que escribe ASÍ y que está mal, es simplón, es cliché, no es atrayente para seguirlo, pero por lo menos tiene idea de mejorar, por lo que no deja de escribir

-¿Siempre tiene idea de mejorar?

R: Yo diría que sí, quiere mejorar de forma terca, equis de, pura constancia.
Lo llamativo de este escritor es que no está conforme…

-¿Con los dones que dios le dió?

R: (Risas) No; no está conforme con su forma de escribir porque sabe que aún no tiene las herramientas para mejorar. Trata de perfeccionar la técnica sin dejar de escribir.

-¿Cómo nosotros (bocadecenicero)?

R: Es que ustedes no escriben así, dejen de ser tan ego.

-No podemos. Y bien, en este mundo de los escritores de la internet… ¿Qué recomendarías para no caer en ese estilo?

R: A ver… primero que todo, es mucho más complicado de lo que parece, no es que uno elija caer en ese estilo o no, en esas categorías, porque lo más importante en cualquier arte es ser autocrítico, comprender que quizá no vas por buen camino. Para aprender eso hay que leer mucho, de diferentes estilos, autores, tramas, no estancarse en algo que lleva a nada. Tratar de probar cosas nuevas.
A veces me da la impresión que la gente que escribe así le acomoda y le gusta contar las cosas de ESA forma.

-¿Crees que les gusta por gustar o porque es fácil?

R: No, no creo. Me cuesta pensar que es algo así como “Oh sí, me encanta escribir así”, muchos de ellos ni se deben dar cuenta.

-¿Por qué crees que es escribir Mal?

R: Pues, quizá estoy siendo muy tajante, pero…

-¿Viviste la experiencia?

R: ¿De escribir así?

-Sí

R: (Risas) Respuesta corta. Sí. Fin. Créditos. (Risas) Sí la viví…

(Silencio) ¿Quieres que te cuente mi experiencia?

-Pues obvio. Por algo preguntamos.

R: Pucha… sonara muy crepúsculo, pero de pequeña tenía la idea de escribir y convertirme en escritora, el sueño inalcanzable (risas).

-¿Por qué te causa gracia?

R: Porque es el tipo de huevadas que escribiría un crespúsculo, alguien que quiere ser escritor, tiene un libro, salta a la fama y ya está. Similar a las historias que se cuentan en torno a la J.K. Rowling, por ejemplo. O pensar en escribir algo donde alguien como todos nosotros le pasa algo increíble y su vida cambia, y te ensueñas…

-Lo logran gracias a su hombre, mi chicho es la razón…

R: (Risas) bueno, resulta que intentaba escribir referente a esos Fics, ya que en ese entonces mi círculo de amistades escribían más o menos de lo mismo, sobre chicas latinas que se enrollan con germanos de una banda. Siempre por la línea de las ideas románticas y los sueños imposibles…

-¿Sueños como cuál?

R: ¿¡Me dejai terminar la idea!? Son los peores entrevistadores (Risas). Escribir de esa forma lo encontraba muy repetido, todas aludían a lo mismo…

-¿Todas? Hablas más de mujeres… ¿Algún varón que entre en la categoría?

R: Al menos el fan club en ese entonces sólo eran chicas, era extraño ver un chico y que además escribirá sobre aquello.

-Dinga, dinga lin.

R: Exacto; constantemente escribía, diferentes opciones, historias, personajes, no me convencia, borraba todo.

-¿Qué no te convencía?

R: Porque sentía que estaba todo escrito.

-¿Cómo Lisa?

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R: Como Lisa; Me sabía dentro de la categoría crepúsculo, no podía hacer una historia que fuera llamativa de un principio, que es lo que captura a un lector para que te siga. Nunca llevé a cabo nada concreto porque me categorizaba como un cuarto tipo de escritor Crepúsculo: el que simplemente no escribe más. Fin.

-¿No has pensado retomar para ser de los que creen y pueden mejorar?

R: Pues sí, me tomó tiempo reflexionar sobre mi escritura, y creo que fue una buena pausa. Piensa que cuando comencé a escribir tenía doce años, mucho no había leído, no sabía muchas cosas, más de la mitad del diccionario era un enigma para mí, los sinónimos, antónimos, todo eso. No me cabía otra cosa en la cabeza que historias fabulosas raras, ficticias, maravillosas, ect.

-¿No has probado poemas?

R: Sssss… No, he querido pero NO, porque sé que no es lo mío, creo que nunca entendí eso de las cosas que te pasan en lenguaje… ¿cómo se llamaban? La metáfora, anáfora, etc. Y huevadas varias, como que tienes que sentir mucho para ser poeta, sentirlo a flor de piel.

-¿Algo que rescates de la escritura crepusculiana?

R: Hubieron ciertas cosas que a mí, en lo personal, me llamaron la atención dentro del espacio fic, que es donde mayormente se encuentra el escritor crepúsculo. En ese tiempo estaba el fotolog, y se presentaban muchas historias bajo ese formato. Pasó una vez que una chica presentó una historia distinta a lo que acostumbrabas a encontrarte, claro que dentro de la idea fic con la banda Tokio Hotel, creó una historia de terror, saliendo de la rutina del amor, relaciones fantásticas, en futuro distópico…

-¿Sexo?

R: Eh… sí, habían historias más picantes que otras; se mezclaba con el fenómeno del Yaoi, entonces se escribía sobre que se besaban, sexo y amor. Muy del estilo.
La chica que escribió sobre terror quizá si la leyera ahora no me parecería tan buena como entonces, pero al menos en la época se llevó los aplausos. Creo que para escribir terror hay que salir del crepúsculo.

-¿Y qué hay de Stephen King?

R: Essss distinto, (Risas) la verdad no sé, no he leído a Stephen King. Ahí no me meto.
El relato de la chica era intrigante, te dejaba metida, no sabías nada respecto a nada.
También hubo una chica que escribió de forma cotidiana, como si se lo estuviera contando a una amiga o similar. Esas son buenas formas de perfeccionar el estilo crepúsculo, probar, atreverse a lo diferente.
No caer siempre en “y él me miró, y yo le miré…

-“Y nos miramos…”

R: Exacto

-Dentro de todo aquello ¿leíste a alguien como nosotros?

R: Tampoco he leído tanto las plataformas de escritura en internet, pero si me llama mucho la atención, las palabras, es más entretenido. En internet de repente cuando quieres informarte de algo, o es muy penca o muy ortodoxo; los términos que ustedes ocupan le dan un toque de…

-¿Sexi?

R: (Risas) NO, emm, no encuentro la palabra adecuada pero es divertido y ya. Es más inclusivo sin caer en lo aburrido. Es menos formal que otras escrituras, pero de todas formas me parece una buena manera de transmitir información seria…

-Muy seria.

R: Muy seria (Risa), equis de y huevadas, fin. He dicho muchas veces fin en esta entrevista.

-Ya hemos terminado.

El suicidio de Henry.

Publicado: 30/05/2017 de bocadecenicero en Historias de interés
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¿Qué es lo que se han puesto a pensar con respecto a esa estúpida costumbre de desear conocer personas muertas (o que jamás existieron)? ¿Cuántos han querido hablar con un escritor, pintor, un músico famoso muerto por sobredosis, alguien de quienes nos cuentan en todos lados que hicieron cosas muy interesantes? ¿Será que lo tenemos inscrito en el código genético, en eso que algunos llaman instinto, como una forma de perpetuar la existencia de un ser para cumplir su trascendencia? ¿Qué pasa entonces con los que nunca existieron? ¿Somos tan patéticos como para desear conocer seres ficticios unidimensionales para ahorrarnos el parloteo innecesario de una rutina? ¿No es eso lo que todos nos preguntamos? ¿Dónde podemos ubicar a las hermanas Font? Por lo menos yo sí.

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Hace unos días se recordaba el triste suicidio de un sujeto a quien la vida no le entregó muy buena compañía, al menos no la que él necesitaba, no la que podría haberlo ayudado mejor. ¿Para qué ponernos depre? Le llamaremos Herny.  Lo decepcionante de la situación, es que el recuerdo de ese sujeto suelo despertarlo yo. La gente me observa y comenta que tal o cual cosa se parecía mucho a lo que hacía él, a como lo diría él, como actuaría él.

Una locura.

Cuando escucho los lamentos del gentío, sus nostalgias con respecto a la extraña compañía que brindaba el individuo Henry, no puedo dejar de pensar en que quizá nos hubiésemos llevado bien. Recuerdo cuando lo conocí. No fue una ocasión específica, fueron sucesivos encuentros donde mi camino interfirió con el suyo durante un lapsus de tiempo. Me saludaba con simpatía, su barba canosa delataba tres días de insomnio, ojeras oscuras de tanto café, una gorra que disimulaba el despeinar loco de una mala noche, de una triste noche. Nadie lo notó en mayor medida. Vecinos, amigos, familiares sorprendidos por una tragedia que fue calculada con la fría precisión de la desesperación pura.

Sólo intercambié unas cuantas frases con el difunto. Siempre hablaba de libros que le gustaban, leía a Heminway y a Bennedeti, le gustaban las películas clase B. No tengo seguridad de que escribiera, pero lo más probable es que sí. ¿Qué es lo que escribías Henry? El muy desgraciado dejó todo preparado antes de morirse, ni una evidencia de pena, en orden, como si nunca se hubiera muerto alguien en aquella habitación. Nadie puede dar por seguro un motivo de su decisión, no le contó a nadie antes de morir, ni dejó cartas, ni casettes retro, ni nada. Cero reasons for why, bitches.

A veces lo recuerdo intentando conversar con él, pero como mi memoria es frágil, loca y antojada, y no se lleva muy bien con la imaginación, no hubo forma de que ese espectro de mi mente se comunicara conmigo, sólo venía a Henry con su mochila sonriendo. ¿Qué será de él? Si dios existe, lo más probable es que el miserable suicida esté quemándose de pena en las tristes profundidades del infierno. ¿Podrían concederle un espacio en el primer círculo a un Henry que fue un gran sujeto pero se le achicharró el sentido común? ¿Cuántos habrán muerto así?

Si dios no existe, debe estar a disposición de la burocracia del más allá ¿Qué peor castigo que ser empleado público por la eternidad?

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Lo más probable es que se encuentre en la eternidad de una dimensión paralela donde no puede sonreír, no hay estrellas de noche y de vez en cuando pueden ocurrir cosas fuera de lo común. Rodeado de seres como él, revive la vida y la muerte una y otra vez dentro de su cabeza.

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Sea cual sea su destino, detesto no haberle hablado antes. A penas escuché que uno de sus gatos se llamaba Heminway, debí preguntarle alguna cosa, seguirle la conversación, lo que sea. Cuando lo escuché me reí, pensé, pero no me acerqué. Después. Otro día. Mañana. ¿Y qué le digo? Y entonces me comunican que el pobre diablo se colgó en su habitación. Prendieron velas a una foto suya y poco a poco se fue olvidando su presencia. La persona a conocer más interesante de aquel entonces se mataba sin que se pudiera hacer ninguna mierda, porque la vida es imposible y la muerte nos llega a todos. No hay forma de volver atrás al siglo sin fin. Extraño tener la posibilidad de conocerle. Podríamos haber hablado de lo que sea, pero ya se murió.

Lo peor, es escuchar cómo se comportaba, que le gustaba, etc. Como para ir y volver a matar al triste Henry.

Le recordamos para colaborar a su trascendencia. O quizá no deberíamos recordarle, por alguna razón debió dejar todo en orden, para que su existencia llegara hasta ahí y nada más.

Conocer a las Font podría esperar si hubiera posibilidad de conversar con Henry sin necesidad de un pacto satánico o juego de brujillo siniestro. Más triste que la muerte de Cornell, por último en conocer a Henry había una probabilidad muchísimo más alta, muchísimo más tangible. Más real.

Ofelia, siempre Ofelia.

Publicado: 14/04/2017 de bocadecenicero en Historias de interés, Juventud desenfrenada

Ofelia es una muchacha treintona y extraña. Veterana de los ideales de la transición de los noventa, cuando todos odiaban a sus padres cobardes y celebraban a los tíos valientes socialistas; los pinochetistas se paseaban con descaro, pero sin el apoyo de los temerosos neutrales, parecían (y parecen) locos de remate con el cráneo repleto de aserrín. Volvía a estar de moda inscribirse en partidos políticos de diverso color pero mismo destino, y todos querían cambiar diez veces el mundo en una sola vida.

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La militancia llegó temprano al destino de Ofelia, es difícil resistirse cuando te hablan con lindas palabras sobre un mundo con el que sueñas todas las noches. No recuerdo dónde mierda militaba. Creo que era el MIR, aunque no estoy segura.

Comienza a desarrollar una personalidad de “chica cool” que proliferaría hasta sus años ejerciendo como docente. “Chica cool”, como nos ilustraba Amy, es el término que utilizan los varones heterosexuales para nombrar a lo que consideran una hembra ‘distinta’ atractiva. Que siga teniendo los atributos clásicos de las hembras reproducibles e humillables, pero que además tenga latas de cerveza en sus manos, disponibilidad sexual innovadora, apañe a comer papas fritas, y sea al cien por ciento sexy. Pues así era Ofelia en sus años mozos, y continuó hablando de ello a más de una década de aquel entonces. Orgullosa de sus anécdotas en tiempos donde aún se paseaba por los pasillos de una universidad estatal popular por ser una incubadora de snobs, lanas, hippies, modernillos músicos y varieté artística, en guerra constante por ver quién es el más revolucionario. Asidua competencia que desafía los sentidos. El infierno de la universidad católica de Chile.

Luego comienza su reputación como profesora ‘pasable’, título obtenido en  las conversaciones hormonales del alumnado. Muchos contaban que antes de su embarazo, tenía el cabello larguísimo y un torso de actriz porno; la verdad es que su cara no es deforme, pero algo en su sonrisa a mí siempre me causó una especie de desconfianza, ¡no tenía sentido!, las hembras revolucionarias que estaban ya pariendo sus propios bebés que revolucionarían la buena tierra del señor, debían de ser mis aliadas naturales, descendíamos de la misma raza, hablando la lengua de los desteñidos oscurantismos de libros que nos tragábamos como verdades absolutas.

La gran parte de mis profesoras del entonces en que me vi obligada a cohabitar con Ofelia, tenían similares características; podías enamorarte de ellas por las características que mencionamos hace un momento, poseer una o más de aquellas neovirtudes, las hacía populares entre los sobajeos y ensueños de sus alumnos más ilustrados. Por otro lado estaban los especímenes que las creían las diosas del saber, relativamente guapas, y con un conocimiento sin límites que te mantendría horas en la gloría mental.

Para que me entiendan. Ofelia era la profesora de psicología, filosofía y lógica matemática. No tengo una maldita idea de si ese título pedagógico existe, pero algo así contaba la incontenible información verbal del populacho colegial. Los que no se excitaban con el profesor de música, creían que ella era el profesor siglo.

La recordé porque es mi camarada de facebook. Siempre veo que sube cosas referentes a sus queridísimos alumnos de la jefatura de turno. Por lo visto, ahora, a diferencia de nuestros tiempos, mantiene a  muchos de los estudiantes y ex estudiantes en facebook, por lo cual sus publicaciones se han vuelto tediosos himnos políticamente correctos.

Estaba loca, y lo sigue estando. Me gustaría un día tener la oportunidad de decirle lo mucho que me desagrada, y desagradaba en ese entonces. En algún momento todos deberíamos volver a los maestros que más odiábamos, y viceversa, hablando de los derechos docentes, ellos también deberían reencontrarse con sus pesadillas laborales <<Mi trabajo es un limbo profesional enriquecedoramente miserable, y tú engendrillo del demonio lo convertiste en un infierno>>. Me pregunto cuántos vendrían a visitarme…

¿Qué le diría a Ofelia en concreto? Pues no sé. ¿Qué nos podría llevar a pensar que a nuestro Otro le importa lo que el Uno tiene en mente? ¿Realmente importa?

Juguemos entonces a que sí importa escuchar la opinión desinformada y desinformante de los demás.

Ella es una gran decepción. Cuando alguien te promociona la fachada de muchacha inteligente, libre y renovada, es decepcionante el ver la destrucción de la imagen. La gente cambia, sí, maduran dicen algunos. Pero resignarse, sólo resignarse, reproducir lo que se juró destruir, desmentirse en público, abandonar la idea de cambiar el mundo, aferrarse a la mentira rosa de la pedagogía, ahora enseñará a cambiar el mundo, porque ella nunca logró cambiarlo, no pudo filosofar y se dedica a enseñar la filosofía ¿tiene algún sentido? Y cuando vea que alguien se está sobrepasando de los límites de una libertad llena de nada y más nada, les dirá que no hay que llenar el vacío, hay que mantener la libertad vacía para agradar a los demás, ser cool puede ser cuanto más gratificante que destruir el mundo y armarlo de nuevo. ¿Y de qué creen que van a ‘vivir’ pequeños monstruos? ¿Con qué van alimentar a sus cisgenerados hijos? Porque, obvio, los van a tener ¿Crees que esos muertos que escribieron los novelones que te tragas vendrán desde el más allá del saber a pagarte el alquiler, a comprarte lo que se necesita para ser feliz?

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Creen que porque ella no pudo hacer nada contra la corriente de esa realidad que a todos imponen, sus estudiantes deberían hacer lo mismo, alimentarse con la absurda esperanza de sembrar semillitas de ‘saber’ en las mentes de los aletargados adolescentes con los que intercambia vida a diario, ¿de dónde sacan eso los profesores? Ya ni maestros podemos llamarles, porque nos hemos dado cuenta de que nos enseñaron puras estupideces en base a una gran falacia, centenares de horas arrojadas a la basura de un ocio establecido e institucionalizado, un universo de años dedicados a una gran nada.

¡Oh Ofelia!, si al menos te hubieses parecido un poco al Sensei, si quiera que tu discurso no nos hubiera confundido con respecto a quién eres y qué piensas. Recuerdo algunos de nuestros diálogos más célebres; cuando dijiste en mitad de una clase humanista que su hubieras sido una adolescente gay de dieciséis años, te hubieras fijado segurito en vuestra servidora. El momento más extraño de la adolescencia. Aún tengo tus palabras en la mente cuando me aventuré en la odisea de reproducir una serie de cuadros célebres a lo largo de la historia del arte. Bueno, esa vez te decepcioné, y logramos colgar las pinturas. Te encantaron ¿Recuerdas? Cuando expresaste a vox pópuli tu desagrado hacia los descendientes hembras. Cuando hacías arder la hoguera del odio, envenenándonos con la mentira histórica de la competencia femenina, el odio del género y el mito de Electra.

Incluso, uno de mis recuerdos más atesorados fue cuando discutimos con respecto al saber y al creer. Yo, manteniendo la tesis de la inexistencia del saber y de las asimilaciones lógicas que le atribuíamos al creer. Me diste una respuesta que encontrarte en alguno de tus librillos universitarios, en mi parecer, ni siquiera pensaste lo que te intentaba plantear. Me diste a entender en un instante y para siempre. Toda la mierda que balbuceabas te la creías en verdad. ¿Usted se cree todo lo que dice? ¿Quién? Pues como diría don Chinaski: pues buena suerte. Lo curioso del caso de Ofelia, es que se lo creía como quien le cree a las películas o los cuentos de hadas, se lo creía a medias, lindas palabras no aplicables en ningún sentido de la realidad cotidiana en la que la mayor parte del planeta está inmersa. No podía ver más allá de su delantal blanco.

De todas formas solidarizamos con Ofelia. Razón número uno, mi feminista favorita me insiste con la sororidad como mayor arma. Nada que hacer. Razón número dos, ¿a quién le importa lo que uno diga? Lo importante es rabiar un rato y nada más. Y razón número tres, siempre he creído que es una mierda enseñarle a un puñado de simios jóvenes, pendientes de sensaciones por ahí entre el ombligo y los muslos, que gritan, huelen, comen, existen, te odian, y tú tienes que hacerlas de niñero estatal  o privado, para ganar un sueldo no equivalente a todo el desgaste mental y físico. Al final de tu existencia recibes una pensión miserable cortesía del sistema de AFP instaurado por obra y gracia del general al que tanto odiabas de joven. Te pudres en un caserón cualquiera, recordando el tiempo en que creías rejuvenecer, ni la mitad de quienes te hicieron sentir una niña muy sabia recuerda tu nombre.

New chilean Freud.

Publicado: 04/04/2017 de bocadecenicero en Cosas que odio, Historias de interés

El día lunes (ayer), iba en una vetusta máquina destartalada del transporte público, porque cuando no quieres caminar, tienes que andar en el autobús como un pobre diablo. Y bueno, en una de las paradas conecté mirada con un sujeto que se encontraba parado en la calle. Sujeto al que llamaremos don Bolsa de Pus. Don Bolsa de Pus es un sujeto desagradable un par de años mayor que yo. No tiene mucho que ofrecerle al mundo más que una cara de culo y un aroma de macho alcohólico.

Lo conocí en una de mis vidas pasadas. No sé como un sujeto como él pudo rodearse de tantos amiguetes. Don Bolsa de Pus es de esos sujetos que en la adolescencia se creía de los medio malvados, pero en realidad era uno más de los descerebrados, como todo el mundo, precoz bebedor que ya tuvo su primera cagantina con sangre producto del exceso de vino y cerveza. Un clásico. En ese entonces me vi semi forzada a tratar con Don Bolsa de Pus, más que mal, él era quién ofrecía la casa para las tertulias de los jóvenes con los que me codeaba en aquel entonces. Lo odiaba, y sé que él me odiaba. No sé porqué me odiaba, en general los sujetos como él suelen odiarme, pero nunca he tenido la oportunidad de preguntarle a alguno de ellos porqué es que me odian.

Me examinaba a mi misma preguntándome qué es lo que un idiota como él podría repeler de alguien como yo. Pues bueno, él y los amiguetes se rodeaban a menudo de chicas bien vestidas de cabello largo, medio bobas, y si no lo eran, al menos tenían que parecerlo; nunca vi a alguien como yo. Además el ambiente machuno que expele gran parte del país en ese grupito se sentía tan o más fuerte que el aroma a cuerpo que expelían.

El señor Bolsa de Pus tenía una pandilla. Tenía una motocicleta. Tenía padres relativamente jóvenes que lo dejaban sólo en casa, dándole la libertad de embriagarse como piojo cada día de la semana. Él estudiaba tranquilamente en una carrera de mierda en una universidad privada pagada por sus padres, sólo tenía que preocuparse de estudiar. Lo odiaba porque era un jodido imbécil en una vida que le debió corresponder a algún otro. A mí por ejemplo. O a quien sea, menos a él. Parecía tenerlo todo. Ni la justicia poética me consolaba. Es feo como… no sé, algo muy feo, imaginen lo más feo que sus ojos han presenciado, él sería una mezcla de muchas de aquellas fealdades que os figuran en vuestras mentes. ¿Y qué importa? Tenía todo lo demás de todos modos.

El sujeto olía a mil diablos y tenía un horrible bigotillo de vejete, con veintitantos se veía como un viejo de mierda, de esos que te topas a lo largo de todo el país en los salones de pool o parados mirando jovencitas en las esquinas. Estudiaba psicología para colmo, se creía el new chilean Freud, era un bruto de primera en lo que se supone que sería su especialidad, pensar que él algún día tendría un título que lo pondría por sobre muchas otras personas que conocí en algún momento que tienen más conocimientos y capacidades y que simplemente no han tenido la oportunidad, me causaba náuseas. Oírlo hablar, un dolor de cabeza. Siento pena por sus futuros pacientes.

De seguro pensaba que yo era una estúpida o similar. Muchas veces en el ambiente estaba esa sensación de superioridad. Al menos nunca consideraba mis aportes dentro de las interesantísimas conversaciones que lograban escupir de vez en cuando su banda de palurdos; falacias tras falacias, reflexiones hombrunas de postadolescentes que creían en las verdades universales, citando libros insípidos respaldados en la educación formal descriteriada y desinformante. Había veces en que ni siquiera hablaba cuando discutían un tema, los miraba y nada más. Las buenas damas callaban, mientras los caballeros se dedicaban a hablar incoherencias adornadas con Pink Floid y Platón. Señores, nunca hablen de Pink Floyd y Platón para parecer inteligentes, es como un, ¿cómo decirlo?… suicidio intelectual.

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Nota: Los autores del blog declaran que no tienen nada contra Platón ni mucho menos contra Pink Floyd… pero… ya saben…

Yo en las fiestas en su casa sorbeteaba un vodka barato con sprite en un rincón de la vida social, la única pelotuda a la que le gustaba el vodka, los contertulios bebían vino y cerveza; yo lo miraba en el centro del universo e imaginaba torturarlo. Lo imaginaba desnudo, y yo, clavándole agujas por toda su grasosa piel, él moría desangrado, y yo arrojaba el cadáver a un gran contenedor de cerveza para que el hueón flotara un rato. Imaginaba puras estupideces, lo sé. Pero en cierta medida imaginar las cosas malas que le podríamos hacer a nuestros adversarios nos da un poco de poder, una esperanza, al menos un sosiego que nos permite dormir tranquilos. No es que vayamos a concretar nuestras oscuras e incoherentes intenciones, es más probable que si nos viéramos en la situación, nuestra misericordia sería superior a cualquier diferencia que podríamos tener con quién sea. Lo importante es mantener las intenciones locas en la cabeza o convertirlas en arte. Lo uno o lo otro.

De todas formas creo que recuerdo al señor Bolsa de Pus más desagradable de lo que realmente es, o era, o lo que sea, más que mal, todos los tiempos ocurren para nosotros en un ahora, y ser, era o será, más allá de la gramática, no tiene mucho sentido.

Me gustaría algún día saber cómo me veía él, saber qué había detrás de sus miradas suspicaces, de sus comentarios de mierda sobre lo que yo decía. Quizá no tenía nada personal contra mí, y era y es igual de imbécil con todos los seres humanos. Su vida de niño sin amor paternal llena de todo lo que un joven puede desear era muy poco para él y necesitaba, al igual que yo, odiar a alguien.

Me lo sigo preguntando.

Good ay.

Publicado: 03/04/2017 de bocadecenicero en Historias de interés

Hace poco una roommate que moraba dentro del domicilio en donde pululo en esos momentos fuera de lo que algunos llaman “realidad” (no hay nada más estúpido que considerar el circo del trabajo o la escuela como LA realidad); se fue con escándalo y todo. No me arrepiento de mucho. Más que mal, vivir con otro ser humano que no está dentro de tu sintonía, cuesta. Quizá yo soy demasiado AM, y a todos se les complica comprenderme. Como sea, lo importante es que se fue. Quedé con la ira en los puños, a sabiendas de que si me agarro a combos algún día, de seguro que pierdo. La bella dama que me acompaña me tranquilizaba maternalmente, le dije que necesitaba hacer un pequeño incendio. Dijo no, que lo que necesitaba era escribir en el blog. Me pareció sensato.

La inquilina en huida me dejó una sensación extraña con respecto a tener que vivir con otros seres humanos ¿Cuán cierto será eso de que nos necesitamos unos a otros? ¿No será esta verdad unas de las cuantas mentiras que los iluminatis, masones, hombres libres sin rostro nos imponen para que vivamos tranquilitos muriendo de a poquito?

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Es complicado vivir en comunidad. Siempre me pregunto cómo chucha lo hacían socialistas latinoamericanos de algún entonces para rodearse de tantas gentes todo el tiempo. Una real tontería ¿no? Viajan de Colombia a Cuba, de Venezuela a Bolivia, rodeándose de pueblo, alimentándose del tú, del ellas, del ustedes, del nosotros. Se conmovían con los niños descalzos, las mujeres de manos partidas y los hombres de espaldas callosas. Liberados de todo aquello que la consumocracia les dicta de a poco a los burócratas, empresarios, a los ultra derechitos, a corruptos políticos, a falderos policías, a los fachos pobres pueblerinos fascistas, susurro que llega a sus pegostiosos oídos sordos ante las injusticias, atestados, rellenos de un cerumen de avaricia pura.

Ninguno de los soñadores venía a Chile porque estábamos destinados a no surgir como una república en donde los humanos se preocupaban unos de otros, los oráculos tenían en mente “este país se irá si o si a la mierda”.

Cuando ya has vivido entre tres décadas, comienzas a preguntarte cómo es que has podido vivir tanto tiempo rodeado de tanta gente. Los primitivos, suponiendo que existieron, de seguro en un comienzo les costaba encontrarse con otros homos a diario. Había encuentros furtivos, muy de vez en cuando. Uno podía taimarse con entusiasmo, podías ir a un lago y quedarte ahí respirando, sin tener la precaución de que no te asalten, o te violen, de que llegaran adolescentes a follar o amigotes a tontear. Si la taimadura era más seria, podías incluso ir a construir vida al otro lado del planeta, y no tener que volver a ver a los imbéciles de tu clan nunca más, ese debió ser el paraíso del que se habla tanto. Los homínidos  que llegaron a América segurito venían huyendo de los imbéciles que había en los otros continentes. Cuando Eva se separó de Adán, suponiendo que existieron, pescó la maleta y su fue por ahí a instaurar pequeños matriarcados, tan lejos, que Adán nunca pudo encontrarlos en un tiempo donde se iba a pie para todos lados. Mandó a la mierda al imbécil que la culpaba de todo, vivió tranquila. Él, se llenó de tormentos.

La vida en sociedad debió ser mucho más simple, total, la famosa frase del “si no te gusta te vas” era más válida que nunca.

En la actualidad ¿cuántas veces podemos hacer efectiva esta frase sin que nos espere algo peor? Elegir entre lo malo y lo peor. Si no te gusta tu trabajo, obvio, ándate. Si no te gusta el colegio donde estudias, pues claro, cámbiate. Si no te gusta tu casa, ándate, busca otra. Si no te gusta el país, pues hombre, vete.

Estas son cosas que los poderosos de siempre sí pueden hacer efectivas, pero cuando eres María apellidoderp estás jodido, te han cagado con tal magnitud que la mierda te llega a las caderas, esos don nadie, don no sé, don ninguno, esos tienen que resignarse, porque las leyes los patean en la cara, la falta de billetes los violan, el universo enteros los azota. Los poderosos en un tiempo más estarán escuchando “¿no te gusta el planeta?, no importa… ¡vete a otro!”.

El mundo era más justo cuando no estábamos rozando todos los días con otros entes, a menos de un metro, cientos de seres humanos a diario. Para eso mejor no salir a la calle. El contemporáneo se ve obligado a tragarse toda la mierda, soportar sólo porque hay alguien, siempre hay alguien, tus padres, tus hermanos, los vecinos, compañeros, amigos, conocidos, desconocidos… la lista sigue llena de interacciones innecesarias.

En nuestro amado país, la gente sin profesión diplomada, con oficios no comprobados por utensilios burocráticos sagrados, se ve forzada a tomar empleos de mierda, con uniformes ridículos, esclavizantes horarios, y con una paga de mierda. ¿Qué opción te queda para vivir tranquilo sin miedo a los caseros cobradores o bancos embargadores? Esto es lo peor de todo: tener que vivir con otros seres humanos. Ahí es cuando se jode todo. El poquitito más otro poquitito se forma un poquito del que te vuelves dependiente.

Si tan sólo la miseria alcanzara para tener una choza en donde poder morir tranquilo… pero no, no alcanza, tienes que buscar a otros desesperados para que todos vivamos juntos, bajo la mentira de las familias, la fraternidad y el amor; nos dicen que la familia es la base de la sociedad, familia hablando de todas sus formas, un criar, un convivir, una interacción mega directa con otros miserables como tú. Ellos te odian, tú los odias, pero te las aguantas porque ¿quién logra sobrevivir con tan poco? Necesitan su preciosa mano de obra, los obligan a vivir apretujados, más que mal, en algún momento tienen que follar, les prohíben el aborto y listo, el mundo entero se pone a parir como si hubiese que repoblar la tierra, como si estuviera vacía, una y otra vez.

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Ni los más rebeldes se escapan, el mundo está tan lleno de gente, las casa ocupa, llenas, bajo los puentes, lleno, las orillas de la vida, llenas, las puntas del cerro, llenas, a la mierda, lleno. Todo lleno de gente, nuestras vidas acaban siendo un patético día en la playa en plena vacación de verano, como unos estúpidos turistas, nos acomodamos medio lejitos de la gente, y como todos piensan la misma huea, acabas rodeado, ellos rodeados, miles y miles de gentes feas, por todos lados, ¿cómo es que puede haber tanta gente fea? y peor… ¡Te tienen rodeado!

Pensaba en el otro lado de la moneda. No pensemos en los mártires de los pueblos, pensemos en los genios universales, los monjes destinados al nirvana, en todos los artistas que preferían la soledad. ¿Cuántos años de soledad son necesarios para sanar el corazón del ser humano? Don Sábato pensaba que el hombre es más libre cuando no tiene a nadie, hallarse sólo es hallarse libre.

Pero entonces tomemos la idea de la soledad como una soledad literal. Caminas kilómetros por ciudades vacías, caminas dentro de edificios abandonados, campos donde no hay huella humana más que la propia, sientes el ajetreo de los animales, el rumor de los vegetales, una sensación de ser sincero con quien eres dentro de ti.

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Si le sacara una espina del pie al Papa y me concediera un deseo, le pediría que desapareciera a toda la gente del planeta por un día. Los dejara en una pausa mágica, cosa que yo pase unas doce horas deambulando sin que hubiera la más mínima intervención de algún idiota; cuando todos regresen al planeta, nadie excepto yo recordará que se han ido.

Caminar desnuda en medio de las calles, meterse en misteriosas casas, saltar arriba de los autos, prender fuego en un techo alto, romper vidrios, nadar en pintura, correr por la playa, nadar en un lago, caminar por un bosque bebiendo de la botella de un vodka, fumar marihuana acostado en un bote que flota en el mar amarrado a un muelle.

No sé como a esos míticos socialistas no les daba salpullido con tanto roce humano. Realmente no lo entiendo. El estrés de verse rodeado es en definitiva mortal y en muchos casos, adictivo.

Con que nos sucediera el milagro, deseo imposible, una miserable vez en la vida. Como cuando te llega la primera menstruación, suponiendo que a todas les llega, como cuando tienes la primera erección, suponiendo que todos logran tener una primera, tarde o temprano tendrás que ser una señorita o un jovencito, así, tal cual, sería el día de la soledad, donde tarde o temprano tendrás que enfrentarte a tus demonios, entenderte de una puta vez sin que haya influencia de ningún otro cerebro más que el tuyo. Quizá no funcionaría con todos, y más de la mitad se suicidaría en los primeros años una vez implementada la medida del milagro. En unos cuantos años la Tierra se iría limpiando de las metrópolis, de los centrismos (ego, falo, etc.), quizá nuestra hermosa geoide acabaría con unos cuantos ermitaños hormigueando sobre su lomo, perdidos en sus pensamientos, ocupados de crear en vez de procrear, viviendo y no sobreviviendo.

Quizá los ermitaños acabarían con la especie, preocupados de gozar del sexo sin los increíbles inbeneficios de la crianza de tu descendencia.

Por alguna razón, eso de que los seres humanos estén muy juntos por acá en occidente acaba siendo un problema. En Roma vivía más de la mitad de los habitantes del mundo en ese entonces, y Roma se fue a la mierda. Eurasia siempre tan procreadora anidó las bases de la esclavitud medieval y posteriormente la esclavitud en América; miles de medievales y americanos se fueron a la mierda.

Los países pequeños o de escasa población logran establecer interesantes leyes acordes a los supuestos derechos humanos, mientras que los grandes países con miles de millones de habitantes elijen en democracia a imbéciles como Donald Trump. ¿Habrá alguna trampa en eso de que nos necesitamos los uno a los otros?

Los depredadores tienen los ojos hacia adelante con una visión focalizada. Nosotros tenemos unos ojos como aquellos. Los grandes depredadores viven en pequeñas comunidades de depredadores, limitadas, y muchos ni siquiera viven en comunidad. Nosotros vivimos hacinados unos arriba de otros, apretujados en el tarro que el gobierno de turno nos asigna dependiendo de nuestro lugar de nacimiento. Y así dicen que la homosexualidad es anti natura.

El mundo nos bastaría si anduviéramos de a dos, de a uno, como los tigres. Los que quieran andar de a más, como los leones, bien por ellos. Pero que fuéramos un total de muy poco. Que hubiera kilómetros entre un clan y otro, y no una pared por donde escuchas toda la humanidad de tu vecino. Se haría más fácil eso de tolerar, eso de convivir, hasta trabajar podría ser más simple sin tanta gente.

Y nada más.

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No me gustan los domingos.

Publicado: 05/11/2016 de bocadecenicero en Historias de interés
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*Nota: para leer lo siguiente, hágale el click al vídeo, a ver si queda mentolado y ensalza un poco el texto -aplausos-.

Todo comenzó un caluroso día de una mentirosa primavera en tiempos de democracia, populismo latinoamericano y calentamiento global. Yo estaba más crecida, y con mucha info en el cerebro, por ende, mis reflexiones se volvían más intensas, al menos es lo que se supone que debería ocurrir con la adquisición de conocimientos. No sé qué es peor, la ignorancia o la desesperación.

En fin, reflexionaba sobre mis años en la enseñanza secundaria en este sensual y fálico país situado bajo un sol frío e indiferente. Recordaba cuando fantaseaba con la curiosa idea de llegar un día al colegio como toda una terrorista, y comenzar a dispara a diestra y siniestra, en algún recreo o cuando todo el mundo se apelotonaba a la salida, me apoyaba en la baranda del tercer piso, y con mi rencorosa mente de escolar egocéntrica, buscaba los puntos claves que tenía que bloquear, a cuantos podría matar antes de una reacción oportuna, o simplemente estudiaba la posibilidad de llegar un día, un poco más tarde de lo normal, onda, llegar luego de haber matado a mi familia en casa, muy tranquila, con una bandera chilena atada al cuello, rayada de insignias anarcas, del isis, comunistas, burgueses, conformistas, revolucionarias, un sin fin de absurdos para que los expertos, posterior a todo el showsss, se calentaran la cabeza descifrando algún código satánico, vinculación iluminati masona extraterrestre reptiliana, mis frases van a predecir futuros asesinatos en masa.

Imaginaba abrir la puerta del aula de una patada, y masacrar a las inocentes almas de cuerpos impuros e ingratos, salpicando, creando caos, y escribiendo mi nombre en la historia de Chile, incluso, quedaría como la primera enferma mental que comprobó que the chilean way apocapitalísmico, nos estaba llevando a un estado de alerta similar al de las torres gemelas del 9/11 (si hasta compartimos fecha histórica con el papaito Sam), pensaba en mi dramático suicidio, y hasta incendio habría; una avalancha humana de corderos despavoridos que no pudieron ver al lobo bajo la lana falsa, llantos, gritos, uno que otro héroe, los curiosos de siempre que impiden que circule la escena. No sé que pasó mamita, me duele. De la nada sentimos los disparos. Y yo miré pa’lao y estaba todo lleno de sangre.

Conmoción total, duelo nacional por lo menos unos tres días, las banderas a media hasta, las investigaciones sobre los motivos, cómo carajo una adolescente loca tiene acceso a las armas en este prestigioso país de mierda, unos irían a apedrear la casa de mi padre, y otros rezarían en plegaria silenciosa por la mala suerte de mi padre por tener una hija de don sata. Las posibles vinculaciones de la comunidad LGTB, por cultivadores de semillas del mal con tanta homosexualidad satánica. El MOVILH se defiende “esa niña no nos representa, estamos con las victimas”.

Llegarían flores, el colegio estaría cerrado por lo menos unas dos semanas; los compañeros vivos, suponiendo que hubiera uno que otro sobreviviente parapléjico de por vida desde el fatídico día, diciendo que algo sospechaban, era una niña extraña, le gustaba el rock y las películas de terror, toda una endemoniada. Nunca pensamos que hablaba en serio, siempre decía cosas extrañas, no era muy sociable, buena alumna, pero muy insolente. Ya saben, no faltará el que diga que nunca se lo esperó.

Las fotos de los caídos expuestas como corderos con el torso abierto a los carnívoros, la solidaridad es adictiva, incentivan a la creación de un taller de ayuda grupal, ya saben, como cuando se murió Liz Purr, y los alumnos afectados por la tragedia se podían acercar a conversar sobre sus dolidos corazones por tan horrible crimen, y su dolido ego de no haber podido ser de los ultra famosos sobrevivientes.

El libro del periodista obseso, que aprovechando que por fin ocurría algo entrete (y que alimentaría libros y hueveo intelectual por décadas, más que mal, el chacal de nahueltoro -crimen de 1960- todavía sirve para cahuinear) sería un best seller, del que sacarían una película, hasta las minas en japón se disfrazarían de mí para halloween, y los más enfermos de porlaputa o jaidefinichon llenarían sus estandartes con chistes crueles. Si algo nos enseñó Scream es que la tragedia de una generación, es la burla de la siguiente.

Pero entonces detuve el carro a mi excitada imaginación, me puse a imaginar si realmente lo hubiese echo; recordé una por una las caras de mis compañeros; me los imaginé muertos, y por alguna razón, supuse que realmente no me hubiese resultado lo suficientemente satisfactorio, a lo Tenemos que hablar de Kevin¿por qué lo hiciste?, y ya no me veía tan segura. Debe ser cuático matar a una persona, ya me pongo como Magdalena cuando muere un gatito o una planta. Pero claro, una persona, por alguna misteriosa razón, nos resulta aún más intrigante, quizá al matar contemplamos nuestra propia muerte, al menos los que podríamos lograr diferenciar entre un estado de la materia y otro, porque esos pandilleros manos de pistola, seguramente se alimentan de la recolección de almas.

Escribiendo esto último, me puse a pensar, que quizá si lo leyera un moralisti ignorantus, quedaría como muy ‘what ._.’, y le digo a su pequeña mente de horizontes paralelos al cielo, que no hay nada que temer, todo es ficción, nada más que una loca fantasía; y qué con las explicaciones, más que mal, nos morimos todos.

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Hacia rutas quietas.

Publicado: 05/10/2016 de bocadecenicero en Historias de interés, Random
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Se viene un viaje pronto a una tierra a la que ya he ido muchas veces, pero siempre se me olvidan detalles de su preciosa existencia, es como ver una película con intervalos de diez años, y siempre parece una película distinta, porque como decían en los Doce Monos, la película que vuelves a ver siempre es distinta porque tú estás distinto, por ende, en teoría, iré a un lugar que conozco pero al que nunca he ido (mi yo actual).

Dicen que hay que viajar todo lo que se pueda antes de morir, que nos hace más sabios, el señor Camus hasta decía que nos quitaba el racismo (aunque como sabemos, esto es sólo una falacia basada en bonitas esperanzas y buenas intenciones). Que todos nos deberíamos pegar un Into the Wild, aunque sea haciendo dedo en la carretera. Dicen, eso dicen.

Pero entonces, recordé una curiosa historia que llegó a mí por medio de la chismología filosófica historiográfica, sobre un tal Kant, Immanuel cuando conoció el hebreo, según sabemos (la próxima meta que debemos ponernos es: aprender hebreo y ver que tan cool serían nuestros nombres en el fabuloso idioma de los tiempos monoteísticos autóctonos).

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El señor Kant, era un sensual prusiano que tenía dos curiosas características: La primera (de la cual no estoy 100% segura, se la escuché decir a un profesor de literatura universitaria una vez, pero no sé de dónde lo sacó él, o si lo estaba diciendo de forma irónica), es que la gente de Königsberg ( Kaliningrado, desde que Prusia se fue a la mierda y pasó a ser un pueblito culiao de Rusia), sincronizaban los relojes y sus actividades diarias de acuerdo con el momento preciso en que don Immanuel, en su paseo diario, pasaba por fuera de sus casas o sus trabajos. ¿Obsesión compulsiva? ¿Dónde?

Y la segunda, de la que estoy casi un 100% segura, es que este sujeto no fue más allá de 150km a la redonda del suelo en que nació.

._.

Estaba en la maldita Europa y el sujeto nunca recorrió más allá de esos miserables 150km, y aún así, se convirtió en uno de los pensadores más pro del siglo XVIII, su mente era tan, pero tan genial, que no necesitó conocer mucha gente físicamente, ni oler otros aires, ni ver paisajes que no estuvieran estampadas en un libro, para crear teorías fascinantes que a mucha gente les hizo sentido en sus miserables cerebritos. Creó todo un movimiento filosófico y el culiao con suerte había ido más allá de lo que sus pequeños ojos podían ver en el horizonte. ¿Qué onda su mente?

Entonces, es así como la teoría del sabio aventurero, trotamundos, conocedor de la vida social, se derrumba ante las abrumadoras evidencias de un sólo gran sujeto xD. Aunque bueno, así hablaron en 1885, el hombre más sabio del mundo se apartaría de la humanidad para ir a un monte culiao a pensar. En el caso de don Immanuel, él se apartaría en la lejana Prusia a pensar y a crear.

Será entonces, tan necesario, ir al fin del mundo, tener que abandonar los cimientos de la civilización para volver a la recolección y cacería de los nómadas, para ser un humano más completo y complejo?

El sensei de los años anteriores de mi precaria existencia, tomó la drástica decisión de volverse feminista de tiempo completo, rodear los albores de la vida trans, y claro, viajar y vivir donde el culo se le plante. Todos los liberales ven aquello como la vida ideal, incluso la señorita Dewitt bukater de Cameron, que quería ser como el señor Dawson, ir por ahí, donde el viento la llevara, sin aprensiones, sin culpas.

La doña Rose se quedaba en los lugares que odiaba por miedo, y simplemente quería viajar para escapar del temible destino de ser una culia X y pobre como su desgraciada madre. Quizá don Kant no viajaba porque en la bella Prusia, en la ruidosa, educada y petulante Prusia, le parecía ultra reconfortante, tanto así que no se quería alejar del agujero donde sus ojos vieron el mundo por vez primera.

Si todos nos sintiéramos tan conformes con quienes somos, con quienes nos rodean, con los espacios maravillosos que heredamos de los ojos de nuestras madres, desgarraron sus entrañas para que miráramos este paisaje (qué suerte hay que tener al nacer), si tan sólo pudiéramos hacer el ejercicio de apreciar la tierra bajo nuestros pies, y saber que una vida son todas, y las raíces se conectan, y que nada se destruye sólo se transforma y que somos parte de un todo nos guste o no, sólo quizá, el ser humano no andaría hueviando en el espacio, buscando agua en el sol y vida en un cráter galáctico.

De todas formas, para seres comunes y silvestres como yo, viajar es una experiencia religiosa y sexual, algo así como un viaje antiácido comiendo bicarbonato añejo.

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Esperemos que me vaya bien.