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Breve conversatorio sobre un aborto.

Publicado: 09/09/2017 de bocadecenicero en Historias de interés

CUADRO ÚNICO

Al abrir un telón, se ve a LA CASADA, LA MADRE, LA SOLTERA y LA BONITA, sentadas dentro de una habitación, conversando atropelladamente. Ambiente alegre, risueño y ruidoso.

LA CASADA: (tocándose el abdomen con cara de angustia) No sé, quizá tenga algo pegado en las tripas, todavía ando con ese dolor tan extraño.

LA MADRE: ¡Algo con patas, será!

LA CASADA: ¡Shhh! No tientes a la providencia.

LA SOLTERA: ¿Te ha bajado la sangre?, si. ¿O no?

LA CASADA: Sí.

LA MADRE: ¡Meh!, te puede bajar la sangre de todas formas, yo he conocido una de casos…

LA CASADA: (a LA BONITA), ¿Me trajiste las sales?

LA BONITA: (sarcástica) ¿Me dijiste que te las trajera? No. ¿Me dijiste?

LA MADRE: Mi cuñada tenía ya seis meses, y todavía la visitaba Andrés, como si tuviese mucho espacio en la barriga.

LA CASADA: No, no…

LA SOLTERA: ¿Y aún así quieres membrillo?

LA CASADA: En la mañana quería.

LA SOLTERA: Yo tenía sal en casa.

LA CASADA: Eh… ¿sales hidratantes?

LA SOLTERA: Sí.

LA MADRE: ¡Ah! Las sales.

LA CASADA: Siento, que tengo una cosa metida aquí, entre una tripa y otra, ¡cómo me molesta!

LA MADRE: Es el membrillo.

LA BONITA: (riendo) ¡Membrillo, dijo la otra!

LA CASADA: Vomite un río completo, ni recuerdo qué fue lo que me pudo hacer mal.

LA MADRE: ¡Pero si después de vomitar, mujer, llegaste con que querías un membrillo!

LA CASADA: Sí, pero dije “no me lo comeré ahora…”

LA SOLTERA: ¡Ah!, es embarazo entonces, no enfermedad, porque cuando estás enfermo, no tienes ganas de tragar, ni una migaja de pan.

LA CASADA: “…porque no quiero”, porque me hace mal. Me hace mal el membrillo.

LA SOLTERA: Con tanto quiero-quiero, te delataste.

LA MADRE: La semana pasada, llegabas y te plantabas proclamando tus deseos, (enumerando) quiero palta…

LA CADASA: ¿Cómo hambrienta, no?

LA MADRE: Quiero galletas…

LA BONITA: Quiero una gaseaosa…

LA CASADA: ¡Si, gaseosa!

LA MADRE: tengo hambre…, todo el rato con las mismas.

LA BONITA: Quiero algo salado… quiero algo dulce…

LA CASADA: (a LA MADRE) yo me muero, mujer, ¡no quiero estar preñada!

LA BONITA: Al menos te darán el dinero limosna, premio por el tercer hijo.

LA SOLTERA: No hay de qué preocuparse, si hay algo intruso ahí, yo misma meto los dedos hacia arriba y le hago tiras.

LA MADRE: (triste) No quiero que te encintes.

LA SOLTERA: Te metemos pastillas para adentro.

LA CASADA: No, ¡por favor, Dios mío!, ¡no quiero estar embarazada!

LA SOLTERA: Métete ramas de apio para adentro.

LA MADRE: Y después hacemos una ensalada.

LA SOLTERA: Yo te meto ramas de apio.

LA BONITA: Hay una que empieza con M

LA SOLTERA: Ma… Ma…

LA BONITA: ¿Por qué “Ma”?

LA CASADA: ¿Mariahuana?

LA BONITA: ¡No!

(Risas)

LA CASADA: Me tienen hasta la coronilla con su marihuana.

LA SOLTERA: ¿Misotrol?

LA MADRE: ¿Y una ruda? Dicen que es abortiva.

LA CASADA: ¿En serio?

LA MADRE: Es natural.

LA CASADA: Me daría miedo hacer eso.

LA SOLTERA: Como te que baja todo, te puedes desangrar. Te tomas un té y corre la mar.

LA BONITA: ¿Y te puedes morir?

LA MADRE: ¿Será cómo la menstruación, pero más fuerte?

LA CASADA: ¡Como sea! ¡No lo creo!, en serio no.

LA SOLTERA: Yo he intentado tomar ruda, pero al tocarla sale un olor asqueroso desde la mata de mierda, como que se defiende la cagada.

LA BONITA: A mí se me secó la ruda, porque siempre están con las malas vibras hacia mí.

LA SOLTERA: Planta otra, pues, mujer.

LA BONITA: Está demasiado seca.

LA SOLTERA: Mensa serás, las plantas se riegan.

LA BONITA: ¡Le he echado agua!

LA SOLTERA: Entonces se ahogó con el bruto riego.

LA CASADA: Si estuviera embarazada, estaría vomitando por todo.

LA BONITA: Como que me dieron ganas de comer cocholate.

LA SOLTERA: ¡Otra preñada más! (rie)

(Todas ríen)

TELÓN

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Un trabajo bien hecho.

Publicado: 17/07/2017 de bocadecenicero en Historias de interés
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Cierto lunes por la mañana, me regalan un pastel por favor concebido. El muchacho había obtenido un sobresaliente en una tarea, que el muy flojo no quiso escribir, así que solicitó mis servicios jurando que una buena escritura sólo dependerá de si el ejecutor es maestro en el bello arte de las comas y los puntos, un mito de los iletrados con respecto a juntar palabras y que suenen del agrado para un exigente profesor, cuya cátedra es impartida en una prestigiosa institución educativa.

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Accedí porque, en cierto modo, es bastante divertido escribir para las profesiones no humanistas. A veces, la burocracia los transforma de radiantes seres humano a monstruosas criaturas hipócritas que se creen amos de la verdad (y como sabrán, ese es el primer principio para dejar de aprender cualquier cosa que te ayude a ser más empático). Entonces, lo único que tienes que hacer es dejarte llevar por la sangre Ventura que corre por tus venas, esos ricachones que han existido en nuestra idiosincrasia en sus diversas modas y costumbres. Siempre chiflados, sin duda. Tirándose flores, como en la mesa de los caballeros, bebiendo brandy y fumando abanos, felicitándose unos a otros por ser los dueños del mundo.

Mis proyectos, como aquella tarea, suelen dejar una sonrisa al mendigo estudiante, agradecido de mi infinita misericordia para con su precariedad económica, las bebidas alcohólicas y la marihuana están muy caras en estos tiempos como para desperdiciar dinero en algo que alguien puede hacer perfectamente gratis ¿verdad?

La tarea era para una materia cuyo nombre no recuerdo con claridad, algo de presentación, exposición, no sé, te enseñaban a comunicarte como un ser de la tierra y no como un robótico déspota de la era espacial con un campo antimateria a su alrededor que todo lo destruye y privatiza. Más que mal, el algún momento tendrían que lamerle el culo a algún imbécil para insertarse en la realidad simulada donde se aseguran que serás parte de los depredadores de la jungla, la peor de todas, otros tendrán mejor suerte, pero más de alguna ocasión tendrán que dirigirle la palabra a su asalariado secretariado. En algún momento les urgiría la necesidad de tener que solicitarle a alguien más que haga el trabajo por ellos. En fin.

Consistía en un simple telegrama electrónico, de doscientas palabras en donde se debía explicar porqué el alumno decidió estudiar la ingeniería en x, si no es capaz ni de escribir un maldito correo ¡de doscientas palabras!

No, aquello último no.

Se debía justificar la elección de la carrera. Efímera calificación, eras crucial para que obtuvieras una nota decente en el ramo y poderlo pasar tranquilo. Y así fue.

Una pequeña entrevista (¿Qué hacen?, ¿Qué aprenden?, ¿Por qué carajo a alguien le gustaría estudiar algo como aquello?), y ya teníamos en menos de media hora, un viernes por la tarde, un excelente e-mail, moderno, fresco, vivaz, lleno de tonterías y una burla tremenda a esos discursos motivacionales, mucho más gratificante que un estúpido aquejumbrado por la inseguridad y no demuestra pasión. Adoran la adoración, porque es el perfil que se busca en un profesional hecho y derecho, nada de complejidades ni oscurantismos. Nada de señalar errores, sólo dar soluciones (aunque sea para un problema fantasma). Y siempre incluir la palabra futuro, eso es mucho muy importante.

(A veces creo que los profesores se dan cuenta de mi siniestra intervención, pero hacen la vista gorda para no tener que perder tiempo en otro número más del sistema)

Como ya se habrán dado cuenta, estos personajes del eterno favor universitario, creen que los escribanos pagan las cuentas con pasteles, los músicos con alcohol, y a los diseñadores se las paga Dios (o eso esperan).

Nota: Decir que Dios pagará algo, no garantiza que ocurra. En serio.

No es de extrañar. Varías veces me he visto en la misma situación. Un desesperado que te ve con cara de sabiduría universal (¿y qué mierda va a saber uno de esas cosas?), te piden el favor a cambio de un trueque miserable, al que accedes sin regatear porque te importa un pimiento si te pagan o no por algo tan simple. Toma tu informe de doscientas páginas, gracias por las galletas.

Sin embargo, recuerdo una monstruosa ocasión en la que forzaron mis habilidades (y gratis) a realizar un completo informe de literatura. Eso ya es otro nivel. Hacer el semestre completo de “comunicación escrita” para un sonidista no es nada del otro mundo. Aprobamos con un 6.5 de 7.0.

Pero entrar en el terreno de los que han leído muchísimo más que tú y que tienen un ojo milagroso para detectar a los mediocres escritores que con mucha energía pudieron juntar dos o tres letras sin avergonzarse a sí mismos. No podía exponerme a esa clase de rufianes. Pero las lúgubres y asquerosas circunstancias en las que me encontraba en ese entonces me obligaron a ser intérprete del señor Lévi-Strauss. Claude Lévi-Strauss, famoso por les Structures Elementaires de la Parenté que a mucho les haría bien leer para entender eso de la familia, el individuo y la sociedad, desde la mirada de los antepasados contemporáneos de la civilidad; o al menos para ampliar (o eliminar, lo que pase primero) un poquito eso de Adán y su costilla.

Yo no quería escribir, leía a pedazos y de mala gana. Tiempo después releí  la cosa, pero por voluntad propia, mucho más gratificante que estar escribiendo con la visión de la horrible cara de ese pigmeo altanero con aire de Chespirito que decía ser el maestro de literatura. Sus ojos Sartrerianos y sus gafas gruesas te recordaban la insignificancia de tu persona frente a la coqueta agudeza de alguien seguro de sus conocimientos y que desprecia profundamente a la raza humana, todo un magister en letras. Supongo que podría ser un prerrequisito para dar clases a esos seres indiferentes que estudiaran, trabajaran, regarán hijos, y se morirán. Pero allá cada uno con su criterio de contratación.

El trabajo era el más espantoso que se había hecho hasta entonces (y no tengo seguridad de que el record haya sido superado por alguna otra aberración posterior), por más que lo releía para cambiar las incoherencias, corregir la porquería, cualquier cosa suficiente para aprobar, pero no, estaba en blanco, las ideas no fluían. Estaba convencida de que con ese trabajo no se lo perdonarían ni al mejor estudiante, pero el patrón insistía en su pereza y desligue del asunto, y el esclavo escribiente se sometía a la voluntad bajo el precepto Simpsoniano de:

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Y bueno, la mala gana resultó en que el informe recibió la calificación mínima (1.0), que es casi simbólica (nadie puede ser tan miserable), por plagio, un copiar y pegar adornado con sinónimos ridículos, mal uso de appa, errores por doquier y una paupérrima observación del trabajo del franchute belga, no se le iban a escapar al enano ojos de lupa. Fue un alivio para mí saber que todo ya había terminado, y que, mejor aún, no se me volvería a pedir en otra ocasión que hiciera algo similar, con ese maravilloso 1.0 se le secaba la sangre a la sanguijuela parásita.

Campaña por el consentimiento: si alguien no quiere hacer tal o cual cosa, por muchos conocimientos y habilidades que tenga, no le obliguen. Porque cuando se violan las habilidades de los demás se acaba con una monstruosa creación forzada (y encima te reclaman por la malformación), que beneficia a nadie.

Conozco a muchos como yo que le hacen las materias a quienes pueden pagar por los informes, las maquetas, los planos, etc. Hay quienes han disfrutado del lucro de una PYME durante años (una jovenzuela que le hizo todos los planos a un destacado arquitecto, genial)  ¿Aterrador, no?

O simplemente se te acercan y te lo piden como si ellos te hicieran un favor a ti. Aunque claro, deben verte y piensan que darle un trabajo de verdad a alguien que escribe por escribir, es una especie de retribución monetaria, para que los vagos hagan algo útil para la sociedad, ¿y qué más útil que aprobar a un ingeniero (aliviando su carga en las materias intranscendentales) que ayudará a la construcción de un mejor mañana?

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Yo y yo.

Publicado: 28/06/2017 de bocadecenicero en Historias de interés

Quería escribir sobre alguna cosa entretenida. Sobre cualquier cosa. Pero tenía atravesado en la cabeza un padecimiento ladilla que me tenía al borde del colapso. No tenía la seguridad de publicarlo, aún las ideas son confusas y hay ciertas conclusiones ridículas de las que no estoy en un cien por cierto de acuerdo, y la señorita Virginia Stephen recomendaba no publicar cosas de las que te podrías arrepentir; no hay que menos preciar el trabajo.

El comité concluyó que se debía publicar para darle continuidad (y por ende, seriedad) al asunto éste. Además, tenía la idea de que una vez que se superara la traba mental, acabaría la pausa creativa, liberando así todas las palabras que querían ser liberadas, cual virus mortal, y no podían porque ésta otra andaba atravesada, una aberración antibiótica del pensamiento.

Vengo a escribir de algo triste, o de una alucinación irracional que desde esta perspectiva se siente angustiante. Una avenida de los sueños rotos, suponiendo que la recorriera yo, ha de ser llamada la andanza de una joven que ha estado ocupando mis pensamientos en los momentos que me baja la dicha cristiana de la compasión. No se trata de ser sentir pena por el prójimo, es más bien una empatía, un je ne sais quoi, de pronto sólo es que uno se siente importante, lo suficiente, como para pensar en la vida de otros seres y armarse un criterio basado en especulaciones absurdas. A tanto prejuicio le faltaría el orgullo ¿no?

¿Quién no se ha creído dueño de la verdad?

Aquellos pensamientos muchas veces nos pueden llegar a trastornas al punto de que llegas a soñar con que construyes una máquina del tiempo y navegas al infinito y más allá para reparar ciertas causales del presente. Sería un buen súper poder, y de seguro acabaría usándose para el mal.

La joven de la que hablábamos, fue en su momento una compañera de parrandas, de esos amigos que sólo vez cuando tienes alcohol a la izquierda, cigarrillo a la derecha. Nada del otro mundo. En el tiempo en que nuestras andanzas nos interconectaban de peculiares maneras que no vale la pena mencionar hoy, se desarrolló un cierto aprecio de mi parte hacia su descarriada persona. Por razones que son de un complejo debate político, no he acabado de entender nuestro afán de emocionarnos con esa gente rebelde a desarrollar, una anarquía desbordada e infundada, llena de ensueños incoherentes.

Más aun tratándose de alguien con tanto potencial, veía en sus ojos la libido de quienes persiguen el placer, la buena vida, el mal dinero, el gran arte. O que no persiguen una mierda. Hablábamos de inhalar pegamento, de recorrer el mundo de farra en farra, de conquistar el estrellato no se sabe cómo, si nunca hacíamos (ni hacemos) algo.

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Recuerdo que siempre me contaba sus cagadas, y mientras, pensaba en lo mucho que le hace falta más gente así al mundo. Esos neuróticos del control, el oportunismo, obsesos del dinero, nos están matando. Supongo desarrollé el aprecio sólo por pensar puras huevadas.

Ella cantaba. No sé si cante ahora, por eso digo cantaba.

Perdimos el contacto durante años, y hasta hace poco volví a saber de ella. Cante o no cante, el glamour de su espíritu, hoy por hoy, no son más que un nostálgico recuerdo de aquellos tiempos.

Cuando éramos más jóvenes, te entregabas a ciegas a la posibilidad de ser famoso, millonario, exitoso, y todas esas mierdas apocapitalistas que le llenan la mente a los más brutos de nosotros, con ideas sobre ser estrella de rock, vivir rápido, morir joven (y no sé si dejar un cadáver gordo…).

Informarse para saber en qué andaba fue como salir del útero, caer de cara al mundo, romperte la nariz, rasparte los labios, y luego mirarte todos los días en el espejo lo atrayente que te vez con el rostro inflamado lleno de costras. Una mierda, en palabras menos parabólicas (y menos pretenciosas). Cuando crees que podrías reconocer a otro enfermo delirante como tú, de pronto vez que ese camino del sin fin de posibilidades, de las no metas, acabó en una vida miserable, mediocre, una depresión medio rara medio inverosímil, post maternidades, por supuesto, no podía faltar, que se encarga de hacérnoslo notar todos los días, publicando su lamento ante los ojos del mundo por medio de la risa colectiva. Transmitiendo un cansancio de fines de una cuarta década, cuesta creer que podríamos tener la misma edad. Un grito de auxilio, no cabe duda. Pero… ¿Qué clase de rescate necesita? ¿Necesita en realidad un rescate? Y de ser así ¿De qué quiere huir?

Quizá exagero, podría ser. Mi lamento sincero, a ratos me suena una pueril proyección de lo que sentiría yo en sus zapatos. Atrapada en una ciudad extraña, con un pseudo marido inútil, trabajando en un empleo esclavizante, poco lucrativo, para alimentar a dos hambrientos polluelos buitre, que no se podían aguantar las ganas de eclosionar dentro de mami y salir a desmadrar el mundo.

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No dudo que ame a sus pequeñas réplicas. No, no es eso. Analizando sus lamentos, me da una impresión muy extraña ¿puede alguien amar a sus hijos sin amar ser madre? No conozco a mucha gente que se alegró al segundo uno de ver el test en positivo. Porque ser madre (entrando a generalizar) debe ser una mierda (no muy parecido a ser padre), histórica, política, mitológica, microcalifragilística y socialmente hablando la figura engendradora se ha derretido, acabando en un charco de sinsentido y explotador.

No digo que no podría ser la bendición del siglo traer a otro humanoide, con nuestra misma cara, a sobre-poblar a la pobre Tierra, haciendo valer el derecho a la alquimia de la creación femenina (que se ha desvalorizado de su significancia inicial, una lástima), el poder moldear la vida de forma inconsciente, multiplicación celular en las entrañas, los únicos de la especie que pueden mantener otro espíritu dentro de sí (o decidir no tenerlo); debe ser lindo tener ganas de trascender por medio de tus genes pasándote por el culo milenios de supuesta selección natural; seamos un poco más realistas (o pesimistas).

La muchacha ha logrado traspasarme una idea (que su tergiversación, si es que la hay, debe ser producto de un umbral lleno de imaginaciones risibles) de que su lamento consiste por el hecho de ser madre, por el hecho de lo que la sociedad toma por madre, de lo que su familia ha pensado con respecto a su joven maternidad.

Y no una cualquiera. Una madre joven, que huyó de casa muy joven para la época del exitismo financiero. Alimentarse uno mismo, alimentar a dos pequeños, no es compatible con la libertad en un mundo que exige tanto y da tan poco a cambio.

Una triste madre, que se transformó gracias a la desgracia del coito juvenil de finalidad reproductora (anticoncepción masculina, un chiste; sólo cuando conviene, el bebé se forma a puro óvulo), cayó en las garras del siclo natural/religioso, que encima debe trabajar, gracias al monópoli de la existencia occidental de por aquí ‘abajo’, ya no sólo deja de ser mujer para ser medio madre, sino que además pasa de ser medio madre, a ser medio nada por perder la existencia en algún garito que nos ofrece en la libre elección neoliberal dentro de la burocracia sistemática. Vivir a merced de clientes miserables que te tratan como si fueran los dueños del mundo y la verdad. Y adivinen qué hace la pobre mujer trabajadora al volver al hogar, se las da del hobbie favorito del encanto de los cincuenta, andar de nana, puta y sirvienta hasta desmayarse de cansancio viendo televisión en la cama, ¡sin cobrar un peso! A eso le llamamos: amor al arte. ¿Y por qué? Porque el compañero it’s a men, posee valiosas necesidades, que deben ser suplidas a como dé lugar, pero el muy bruto no sabe hacer ni agua caliente y le importa un carajo que su compañera se haga jirones, su descanso, su trabajo, su individualidad, es más importante que cualquier humanidad que provenga de ella. Como para tener ganas de ser una dama heterosexual parturienta.

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Amas los huevos, pero odias a la gallina que hay en ti, odiar tus propias plumas y tus muslos ponedores, pasar de ser un polluelo amarillo, guapo y ambicioso, joya de la humanidad, a ser la Doña Nada de Don Nadie, atrapada en un laberinto de desesperación y embrutecensia. ¿Habrá otras que se sientan así? Las antepasadas de la humanidad (pero bien atrás en el tiempo), vomitarían de rabia a ver las cargas que aún pesan sobre las hembras menos afortunadas, quién se habría figurado este escenario, que vivirían de las formas más estúpidas bajo su condición que ya no es creadora sino una simplona carga para la humanidad.

Parece morir en vida por desprenderse, por permitir que los parásitos, hijos, marido, se alimentaran de su existencia ya precaria por los partos. Como si nunca les hubiesen cortado el cordón que los conectó, por primera y única vez, a la hembra de su especie. Como si en verdad la ‘virilidad’ fuera parasitaria, alimentándose de un ser vivo. Hay algunos que necesitan todo un imperio para saciar a la sanguijuela.

Cada vez que figura el rostro de aquella muchacha en mis pensamientos fugaces, me llena una sensación de culpa, una culpa estúpida, pero culpa al fin y al cabo. Infundada. Por desaparecerle, no verle, no hablarle. Como si hubiera sido culpa mía sus fortuitos embarazos, otros tantos infortunios, que parecen haberle trastornado el alma.

Podría estar exagerando. Más que mal en mi cabeza estos pensamientos con respecto a la visión torcida que tengo sobre la muchacha, no suenan tan matones ni depresivos. Es una especie de sensación extraña verle en ‘decadencia’ siendo tan joven.

Que ganas de tener esa maldita máquina del tiempo. ¿La usaría?

Que ganas de que ser madre le permitiera seguir siendo persona. Porque lo es, pero el medio no le deja que se dé cuenta. Además de parir con dolor, tendrá que vivir con un estigma, santa madre del hombre, que de tan santificada, se te agrietó el traje humano, pareces una aparición. No me gusta. Podrías ser más. Ni siquiera ‘más’, podrías ser tú, siempre tú.

Una vez discutía aquello con alguien cuya madre se desvivió para darle la vida como el señor manda. <<Es una condición mamífera>>, decía en ausencia de sororidad, <<la hembra se destruye para dar vida, es algo natural>>. Como si nunca antes hubiéramos logrado manipular la naturaleza. Como si no conociéramos ciertos secretos, como si no pudiéramos observar, aprender, cambiar. Porque es algo natural cuando le conviene a quien le convenga. Los odio.

¿Recuerdas cuando cantabas? ¿Recuerdas cuando matabas un tiempo que te encantaría resucitar? Debería ser así. Cada vez que una hembra deja de ser humana, muere un gatito. Cada vez que un ser libre quiere recorrer la buena Tierra (nuestro hogar) y de pronto se encuentra apernado por la existencia de un nuevo ser humano que le obliga a abandonar la idea de cualquier aventura (como si los críos no quisieran conocer el planeta), porque así lo dice no sé quién mierda, en ese momento, justo en el instante que ellas sienten su vida truncada (por el motivo que sea, mil causales), un sol explota, una estrella se desvanece, un planeta se extingue, un gatito hace combustión espontanea. Del asco. Como para llorar hasta la náusea.

Me estoy confundiendo. Es complejo describir el escenario que se presenta. Pensar en todo lo negativo que puede significar para ella llevar una existencia como la ha estado llevando el último tiempo, quizá está siendo juzgada de una forma injusta, subjetiva, poco empática y muy estúpida, actitud carcunda, el gusto de andar metiendo la nariz en el porvenir ajeno, y no para ayudar, sino para hacer sentir peor a la gente. Me siento peor también.

Quizá sea porque tengo arraigadas ideas bobas sobre la conexión con el yo, vivir en el bosque, mamá naturaleza te lo da, vinimos al mundo a reírnos, y huevadas por el estilo. Siento rabia, me da rabia ver que a alguien en su situación. Me recuerda la desigualdad, pensar que ella se pudre en un caserón cualquiera mientras algún otro palurdo se deleita por tener la suerte del capital. Me enferman.

A veces me gustaría pescarla, gritarle que se pegue un Nora y mande a la cresta la pocilga de muñecas. ¿Cuántos don Juanes no hicieron lo mismo?

Decirle que se vaya a la punta del cerro, al fondo del mar, a la orilla del universo, invitarle una cerveza (aunque no me guste la cerveza), salir a bailar (aunque no me guste bailar), decirle que sigue viva, que no es justo, que su situación es precaria y que no es un destino inquebrantable, una mala suerte que está siendo sondeada de una triste manera. ¿Cuántas muchachas hemos visto, usted o yo, agobiadas por la carga de una maternidad sin sentido? ¿En qué momento una cría se transformó en un estigma? ¿Cuántos fueron engañados con la falacia de la preservación de la especie en pos de la ruindad de un individuo? ¿Dónde quedan las decisiones personales? A algunos se les ocurre una manera muy estúpida de vivir, y nos condenan a todos. Todos a la mierda. Todos en la mierda.

Mientras tecleaba, he pensado que quizá ella no está tan mal como parece. Se alegra de su proyecto de vida. De su existencia, que para ella no es precaria, ni insoluble, ni muchos menos un martirio. No queremos meterles cosas en la cabeza, quiero pensar que está bien llevar un destino forzoso, por deprimente que parezca, no muchas están libres, lo último que el prójimo necesita es lástima y críticas destructivas.

Ojala que el par de pequeños bichos le compensen de alguna forma el sacrificio.

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Trump is not dead.

Publicado: 07/06/2017 de bocadecenicero en Historias de interés, Imbéciles
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Debatíamos Amaranta (el gato) y yo, sobre lo que le pasó a la comediante (la Kathy Griffin) que ‘decapitó’ a Donald Trump, la persecución social, el estigma en el espectáculo, en fin. Toda la mierda por una foto de un sujeto que no le vendría nada de mal una decapitación pública. Pero ¿para qué ponernos extremistas?, comentaba Amaranta (el gato). Yo le decía que si hay que ponerse extremistas frente a la extremansia, asesinar a Trump, asesinar a cualquier político por medio de una performance, es parte de la libertad de expresión de la democracia, es muy incivilizado matar a alguien de a de veras, que al menos el arte nos salve de la vida. Y además es una manera mucho más clara que el voto democrático para demostrar desacuerdo con los poderosos que rigen al maldito planeta.

Amaranta (el gato), se lamía entre los dedos de su patita frontal izquierda, apelando al discurso pacifista de que no se puede frenar la violencia con más violencia. Es absurdo. ¿Te has preguntado?, decía Amaranta (el gato), ¿qué sentirías si alguien publicara una fotografía humorística con una cabeza de utilería de vuestra persona? Se lamió los bigotes de pura satisfacción.

No quise seguir el debate con el felino, porque siempre acabamos en violencia. Sin embargo, nos pusimos a comentar sobre un futuro distópico, una historia que se nos salió de los albores de la creatividad, aquellas imágenes se nos revelaban cual epifanía macabra, o un presagio raro, o una imaginación deconstruyente (porque la imaginación no destruye), ¿cómo nos imaginamos la muerte de Donald Trump?

Como para que Trump nos busque y nos arruine la carrera.

Estaba amaneciendo en América (la falsa, no la real), el sol salía con sus gafas a beber una gaseosa de cola bien fría, en las cocinas de sus espaciosos hogares, buenas madres mitad persona mitad delantal, asumían su posición de mula para poner frente a sus polluelos el cereal vitaminado, el sándwich de crema de maní, café y una dona para su amante y embrutecedor esposo.

En aquellos hogares los televisores ya estaban encendidos con las noticias de la mañana, los humanos del amanecer no son más que un resumen de ayer. Cuando de pronto la imagen de Melania Trump remecía todos los canales. De seguro nuestro cerebro creyó tener, en el subconciente, algo de esperanza al pensar que no puede haber mujer consciente dispuesta a casarse con un sujeto como él. Manos en la espalda, con esposas en las muñecas, sin ropa y ensangrentada, gritando y pataleando, como si la hubieran echado recién al mundo. Pienso que quizá algunos creían que era impotencia, los que la creían inocente, que era locura, una mujer bonita no puede saber qué es lo que hace, que era resentimiento, una venenosa puta, o similar, y bueno ¿Cuándo se han puesto los seres humanos de acuerdo en algo? Gritaba por gritar, y ya.

A Melania se le acusaba  de asesinar a su propio esposo, presidente del mundo, en el lecho matrimonial. Lo envenenó poco antes de irse a dormir, y una vez que el presidente comenzaba la larga agonía de un veneno aplicado en su justa medida, su esposa aparece en la habitación con un penetrante cuchillo de carnicero. Lo demás es Historia. Como un maldito colador quedaba el gran hombre del noroeste.

El juicio más importante del planeta (como aún no matan al Papa, por ahora no ha habido algo tan seguido por la prensa). ¿Y qué importa? Si ya se murió, pensaban algunos en la desolación de perder al sol colorado de cabellos ámbar. Trump representaba el fin de una era (no sabemos cuál), para el comienzo de una era aún más próspera (¿?), y por sobre todo, representaba la prepotencia de la ignorancia, la preponderancia del poder, y una cantidad de mierda cultural, el más bestia de todos iba a regir por sobre otras vidas. Una real tontería. Frente a los ojos de todo el maldito planeta. Pero todo aquello acabó de pronto en manos de la primera dama.

Melania guardó silencio. Nunca contó porqué lo hizo, ni siquiera cuando los temidos republicanos vampiros chupa almas del cuarto reich, le torturaron de las formas más humanas, el marqués de Sade no se la hubiese creído de estar ahí. 120 días de investigación, dio la fiscalía. Pero Melania no fue Juliette ni Justine, era Melania y nada más. Cada día más fea contaba la prensa medio aburrida de la noticia, ¿y quién va a ser presidente ahora? Eso no importa, lo importante era condenar a la perra ésa.  

Nadie sabía a ciencia cierta cuáles fueron los motivos de Melania, los noticiarios confundían a todos. Incluso a mí y a Amaranta (el gato). La viuda Trump gritaba que la soltaran, que le dejaran en paz, cosas por el estilo. No gritaba ni un vestigio de un porqué.

Fueron tiempos difíciles, por alguna extraña razón, que ejecutaran a la bruja o no, no acaba con el hecho mismo, la brujería ya estaba hecha y el presidente estaba muerto. Fin. Continuemos que el país se nos va a ir al carajo. Pero no. Necesitaban un norte que les ayudara a cerrar el capítulo, un funeral no es suficiente para que termine un periodo presidencial, no, necesitamos sangre.

Con el tiempo el largo y dudoso juicio se olvidó en la burocracia, y la sentencia pasaba a ser parte de las excentricidades de la nación, el libro Guinness en su nueva edición le tenían de portada, la gran ejecución del siglo XXI; Melania era condenada a pena de muerte por un plebiscito ciudadano inédito. Con ayuda de la NASA y de Harvard, se lograba construir una nueva y más gratificante forma de ejecución, que garantizaba un casi nulo dolor para el ejecutado (lo cual no les interesaba mucho), y que  a su vez tranquilizaba a las masas con su sed de destrucción y sangre no menstrual. Una licuadora gigante, como la que todos tenemos en la comodidad del hogar, a una escala lo suficientemente elevaba para que caigan unos diez seres humanos.

Las Naciones Unidas ya no podían con tanto soponcio en las reuniones que tenían frente a la locura que cometía el pueblo estadouniciano. Prefieren triturar a una mujer en vivo que manifestarse contra el neoliberalismo. Curiosas criaturas.

Los más pacíficos de la ONU querían declarar la Cuarta Guerra Mundial (En la Tercera, al final se fueron a pelear a otro planeta, Norcorea perdió, y Kim Jong-un explotó en el espacio producto de una negligencia de navegación, así cuentan).

Los más sensatos quedaban estupifactidos ante la ejecución. Algunas ONG y asociaciones por la mujer le calificaban de femicidio, puesto que no se llevó a cabo la investigación como correspondía (¡¿Cómo investigar si la arpía no decía nada?!), se asumía que ella era la asesina porque la encontraron en la habitación donde murió entre envenenado y desangrado el presidente Trump, con cuchillo en mano. ¿Qué otra evidencia se necesita? Con evidencias puedes probar lo que sea, aunque no sea verdad.

El mundo se dividía, la liberación de la Melania se mezclaba con la abolición de muchas cosas, de mucha gente. Tenías que huir de todos lados, si no querías quedarte a pelear, y lo más probable, morir. Morir peleando o morir muriendo. Una anarquía de proporciones bíblicas, señores, ¡está en las revelaciones, amigos!

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Se construía un enorme trampolín, donde Melania tendría que dar el salto a la purificación, voluntariamente, puesto que nadie se atrevió al final a abrir una compuerta, o si quiera programar una computadora para que abriera dicha compuerta. Ante ese acto de poca hombría, el ejército de los Estados Unidos (quien se  hizo cargo, personalmente, de la ejecución), declaró que para mayor tortura, tendría que saltar ella misma a las aspas.

La primerísima dama del mundo era triturada con transmisiones en vivo a todo el planeta.

Es una pena que la comediante haya quedado presa de un estigma, por algo tan libre como la performance, ¿incitación al odio? Depende de la perspectiva.

A modo de empatizar, nos quedamos con la reflexión que nos robamos de no sé dónde (no me acuerdo), sólo la robamos y ya. Robar es malo.

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Escritor Crepusculiano.

Publicado: 31/05/2017 de chinchimenee en Historias de interés, Opinión
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En esta búsqueda del saber, siempre nos encontramos con sujetos que arrinconan nuestras expectativas y te encierran dentro de ciertos marcos y cosas por el estilo.

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No podemos aborrecerlos, más que mal le debemos nuestra iluminación primaria a la palurda educación formal.

No obstante tenemos que estar siempre atentos a nuevos horizontes. Ser críticos y curiosos,  la mierda que sea. El comportamiento humano se puede analizar desde cosas tan importantes y abismantes como las guerras en el medio oriente, como por medio de cosas tan absurdas e irritantes como las redes sociales. En todo se deja su rastro de materia gris que al final sirve para seguir esparciendo mierda y blablablablería.

Dentro de esta premisa nos encontramos el otro día con un relato estremecedor sobre los escritores que escriben “mal”. Una conversación que se nos salió de control y gracias a nuestro panel de expertos, logramos rescatar parte de este estremecedor relato en voz de una ex fanática de Tokio Hotel rehabilitada, un orgullo para la nación, por supuesto, que nos quiso contar su trágica experiencia dentro del lobby de los malos escritores de los fandoms en internet. Una escritura deprimente que nuestra entrevistada decidió llamar como los escritores “Tipo Crepúsculo”, vil reflejo del arte en pañales o la mediocridad, juzguemos por nosotros mismos.

Nota: el siguiente relato fue medianamente editado por poseer mucha grosería y coquetería de lenguaje pornográfico. Se solicita discreción.

+

-¿Qué es el escritor tipo crepúsculo?

R: Pues, en mis propios términos, es el tipo de escritor lineal, narrador primera persona (generalmente), con historias muy imaginativas. Me recuerda mucho a las chicas del fan club de Tokio Hotel, donde escribían fanfics con estas características. O como ocurrió con las 50 sombras de Gey …
Creo estar generalizando un poco, quizá no es del todo así, con características tan específicas, pero (las chicas del fan club como escritoras crepusculares), abarcaban historias muy clichés de “como conocí a Bill (o Edward o Christian Grey, o la huevada que sea), y mi vida cambió, todo maravilloso”, la historia se centra en eso.

-¿No en la vida cotidiana?

R: Claro, y todo ocurría porque conocían a esta persona fantástica.

-Amorosamente

R: Claro, la modalidad Fic es para reflejar el deseo de sí mismas en su propia realidad imaginaria…

-¿Muy hormonal?

R: No sé si le podría decir “Hormonal”, ellas (las del fun club de Tokio Hotel), al menos en su forma de comportarse (y de escribir), los amaban, ellos representaban su felicidad adolescente, un día en que el rockero las ve y se enamoran y se casan, cosas por el estilo…

-Espera, una pregunta ¿Tú realmente crees que alguna de ellas estuviera enamorada de Bill? Así, de a de veras.

R: Podría ser. Una de las cosas que más me llamó la atención cuando entré fue la pregunta inicial…

-¿Cuál de todos te gustaba más?

R: Cuál de los cuatro me gustaba. Todas tenían su preferido.

-¿Alguna inclinación?

R: Todas amaban a Bill y a Tom; Georg  y Gustav eran menos cotizados. Si te gustaba uno de ellos eras única y diferente…

-(Risa)

R: Si elegías a uno era como…

-Tu novio, marido, amante esposo.

R: Sí, una especie de pololo designado. Si te gustaba Bill escribían sobre él. Tenías sus poster, hablabas de él, etc. Así con cada integrante de la banda.
¿En qué se compara todo esto con las 50 sombras de Grey, por ejemplo? Se comentaba que la E. L. James en un principio quiso seguir la historia de Crepúsculo de forma más “erótica”, de seguro pensando ¿cómo tienen sexo?, quizá ella se imaginaba a sí misma en acto amoroso con el Vampiro, o en el caso de la Stephenie Meyer, en una de esas ella quería conocer un vampiro y simplemente se lo imaginó.
Creo que por ahí va la idea del escritor “tipo Crepúsculo”, imaginas algo que te gusta imaginar y lo escribes de la forma que sea; es algo que se ve mucho.

-¿Son un tópico, un estilo?

R: Para mí sí. Y no digo que no haya existido antes del boom de libros para público adolescente (por otra parte no he leído tanto Cohelo como decir que no existe de diversas formas (Risas)). Pero el fenómeno Crepúsculo (o como lo fue Harry Potter), atrajo a una cantidad de lectores primerisos que leyeron eso, y les gustó, les encantó y lo reproducen en su forma de escribir.

-¿Se les pega?

R: Te aseguro que las que se enamoraron en Crepúsculo, leyeron las 50 sombras.

-Entonces, entendiendo un poco mejor este escritor Crepusculiano, ¿tiene alguna desventaja frente a su condición con respecto a otros tipos de escritura?

R: Em… depende… No, creo que no. Lo principal para entender a esta escritura, a este escritor, es desglosar sus diferentes formas:
Número uno, tienes a uno al que vamos a llamar el Rey, the Big Boss, ¿Quiénes son?, pues la Stephenie Meyer y sus derivaciones, gente que escribió, vendió y se volvieron millonarios escribiendo en base a sus imaginaciones y blablablá. Y bueno, siempre hablando desde mi punto de vista (sin ofender a nadie), para mí es una escritura mediocre, para que quede un poco más claro, ellos escriben así, escriben mal, son aburridos, muy lineales, y la vida cambia fantásticamente en una historia que puede ser buena, pero contada de la peor forma. Aun así venden, y venden mucho, al punto de generar boom adolescente, son los Supremos

-The Next Supreme…

R: Luego está una segunda categoría, que tiene todos los atributos anteriores pero no venden, el clásico escritor que se publica en internet…

-(Risas)

R: (Risas) Que escriben Fics, o blogs…

-Como nosotros.

R: (Más Risas), como ustedes, sí. Pero ustedes no son este estilo del que hablamos.

-¿Ah no?

R: Conozco muchas personas que si escriben en internet y que tienen la idea de que sus escritos son buenos, son entretenidos, originales, no sé. Muchos de ellos escriben así como secuela de haber leído tanto ese tipo de escritores, historias.

-¿Secuelas mentales?

R: (Risas) mmmm, No. Como que, en general, uno se inclina a lo que le gusta o lo que le acomoda. Es súper fácil de leer ese tipo de escritor, no tiene mayor complicación, no tenías que pensar, leías y nada más, leer, leer, leer, como leer el periódico, y hasta eso es más entretenido. Recibes información que después, probablemente, deseches.

-Eso pasa cuando lees, ¿Y mientras escribes así, se piensa algo?

R: Piensas más en la historia en vez de pensar en cómo la vas a exponer. Ejemplo, soy una chica que conoce a un chico… ¿cómo nos conocimos? ¿qué nos gusta uno del otro? Te concentras mucho en recursos de tu imaginación, en contar algo que no se ha contado antes, pero no piensas mayormente en cómo escribirlo.
Hay libros que no tienen una trama compleja, pero la forma en que se narra es mucho más llamativa. A diferencia de las historias de un escritor crepusculiano.
Y… hay un tercer tipo que es el que sabe que escribe como Crepúsculo, pero que tiene…

-Tanto ego…

R: No, pues el otro es ego, el que escribe y público con orgullo. Este otro es una persona que sabe que escribe ASÍ y que está mal, es simplón, es cliché, no es atrayente para seguirlo, pero por lo menos tiene idea de mejorar, por lo que no deja de escribir

-¿Siempre tiene idea de mejorar?

R: Yo diría que sí, quiere mejorar de forma terca, equis de, pura constancia.
Lo llamativo de este escritor es que no está conforme…

-¿Con los dones que dios le dió?

R: (Risas) No; no está conforme con su forma de escribir porque sabe que aún no tiene las herramientas para mejorar. Trata de perfeccionar la técnica sin dejar de escribir.

-¿Cómo nosotros (bocadecenicero)?

R: Es que ustedes no escriben así, dejen de ser tan ego.

-No podemos. Y bien, en este mundo de los escritores de la internet… ¿Qué recomendarías para no caer en ese estilo?

R: A ver… primero que todo, es mucho más complicado de lo que parece, no es que uno elija caer en ese estilo o no, en esas categorías, porque lo más importante en cualquier arte es ser autocrítico, comprender que quizá no vas por buen camino. Para aprender eso hay que leer mucho, de diferentes estilos, autores, tramas, no estancarse en algo que lleva a nada. Tratar de probar cosas nuevas.
A veces me da la impresión que la gente que escribe así le acomoda y le gusta contar las cosas de ESA forma.

-¿Crees que les gusta por gustar o porque es fácil?

R: No, no creo. Me cuesta pensar que es algo así como “Oh sí, me encanta escribir así”, muchos de ellos ni se deben dar cuenta.

-¿Por qué crees que es escribir Mal?

R: Pues, quizá estoy siendo muy tajante, pero…

-¿Viviste la experiencia?

R: ¿De escribir así?

-Sí

R: (Risas) Respuesta corta. Sí. Fin. Créditos. (Risas) Sí la viví…

(Silencio) ¿Quieres que te cuente mi experiencia?

-Pues obvio. Por algo preguntamos.

R: Pucha… sonara muy crepúsculo, pero de pequeña tenía la idea de escribir y convertirme en escritora, el sueño inalcanzable (risas).

-¿Por qué te causa gracia?

R: Porque es el tipo de huevadas que escribiría un crespúsculo, alguien que quiere ser escritor, tiene un libro, salta a la fama y ya está. Similar a las historias que se cuentan en torno a la J.K. Rowling, por ejemplo. O pensar en escribir algo donde alguien como todos nosotros le pasa algo increíble y su vida cambia, y te ensueñas…

-Lo logran gracias a su hombre, mi chicho es la razón…

R: (Risas) bueno, resulta que intentaba escribir referente a esos Fics, ya que en ese entonces mi círculo de amistades escribían más o menos de lo mismo, sobre chicas latinas que se enrollan con germanos de una banda. Siempre por la línea de las ideas románticas y los sueños imposibles…

-¿Sueños como cuál?

R: ¿¡Me dejai terminar la idea!? Son los peores entrevistadores (Risas). Escribir de esa forma lo encontraba muy repetido, todas aludían a lo mismo…

-¿Todas? Hablas más de mujeres… ¿Algún varón que entre en la categoría?

R: Al menos el fan club en ese entonces sólo eran chicas, era extraño ver un chico y que además escribirá sobre aquello.

-Dinga, dinga lin.

R: Exacto; constantemente escribía, diferentes opciones, historias, personajes, no me convencia, borraba todo.

-¿Qué no te convencía?

R: Porque sentía que estaba todo escrito.

-¿Cómo Lisa?

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R: Como Lisa; Me sabía dentro de la categoría crepúsculo, no podía hacer una historia que fuera llamativa de un principio, que es lo que captura a un lector para que te siga. Nunca llevé a cabo nada concreto porque me categorizaba como un cuarto tipo de escritor Crepúsculo: el que simplemente no escribe más. Fin.

-¿No has pensado retomar para ser de los que creen y pueden mejorar?

R: Pues sí, me tomó tiempo reflexionar sobre mi escritura, y creo que fue una buena pausa. Piensa que cuando comencé a escribir tenía doce años, mucho no había leído, no sabía muchas cosas, más de la mitad del diccionario era un enigma para mí, los sinónimos, antónimos, todo eso. No me cabía otra cosa en la cabeza que historias fabulosas raras, ficticias, maravillosas, ect.

-¿No has probado poemas?

R: Sssss… No, he querido pero NO, porque sé que no es lo mío, creo que nunca entendí eso de las cosas que te pasan en lenguaje… ¿cómo se llamaban? La metáfora, anáfora, etc. Y huevadas varias, como que tienes que sentir mucho para ser poeta, sentirlo a flor de piel.

-¿Algo que rescates de la escritura crepusculiana?

R: Hubieron ciertas cosas que a mí, en lo personal, me llamaron la atención dentro del espacio fic, que es donde mayormente se encuentra el escritor crepúsculo. En ese tiempo estaba el fotolog, y se presentaban muchas historias bajo ese formato. Pasó una vez que una chica presentó una historia distinta a lo que acostumbrabas a encontrarte, claro que dentro de la idea fic con la banda Tokio Hotel, creó una historia de terror, saliendo de la rutina del amor, relaciones fantásticas, en futuro distópico…

-¿Sexo?

R: Eh… sí, habían historias más picantes que otras; se mezclaba con el fenómeno del Yaoi, entonces se escribía sobre que se besaban, sexo y amor. Muy del estilo.
La chica que escribió sobre terror quizá si la leyera ahora no me parecería tan buena como entonces, pero al menos en la época se llevó los aplausos. Creo que para escribir terror hay que salir del crepúsculo.

-¿Y qué hay de Stephen King?

R: Essss distinto, (Risas) la verdad no sé, no he leído a Stephen King. Ahí no me meto.
El relato de la chica era intrigante, te dejaba metida, no sabías nada respecto a nada.
También hubo una chica que escribió de forma cotidiana, como si se lo estuviera contando a una amiga o similar. Esas son buenas formas de perfeccionar el estilo crepúsculo, probar, atreverse a lo diferente.
No caer siempre en “y él me miró, y yo le miré…

-“Y nos miramos…”

R: Exacto

-Dentro de todo aquello ¿leíste a alguien como nosotros?

R: Tampoco he leído tanto las plataformas de escritura en internet, pero si me llama mucho la atención, las palabras, es más entretenido. En internet de repente cuando quieres informarte de algo, o es muy penca o muy ortodoxo; los términos que ustedes ocupan le dan un toque de…

-¿Sexi?

R: (Risas) NO, emm, no encuentro la palabra adecuada pero es divertido y ya. Es más inclusivo sin caer en lo aburrido. Es menos formal que otras escrituras, pero de todas formas me parece una buena manera de transmitir información seria…

-Muy seria.

R: Muy seria (Risa), equis de y huevadas, fin. He dicho muchas veces fin en esta entrevista.

-Ya hemos terminado.

El suicidio de Henry.

Publicado: 30/05/2017 de bocadecenicero en Historias de interés
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¿Qué es lo que se han puesto a pensar con respecto a esa estúpida costumbre de desear conocer personas muertas (o que jamás existieron)? ¿Cuántos han querido hablar con un escritor, pintor, un músico famoso muerto por sobredosis, alguien de quienes nos cuentan en todos lados que hicieron cosas muy interesantes? ¿Será que lo tenemos inscrito en el código genético, en eso que algunos llaman instinto, como una forma de perpetuar la existencia de un ser para cumplir su trascendencia? ¿Qué pasa entonces con los que nunca existieron? ¿Somos tan patéticos como para desear conocer seres ficticios unidimensionales para ahorrarnos el parloteo innecesario de una rutina? ¿No es eso lo que todos nos preguntamos? ¿Dónde podemos ubicar a las hermanas Font? Por lo menos yo sí.

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Hace unos días se recordaba el triste suicidio de un sujeto a quien la vida no le entregó muy buena compañía, al menos no la que él necesitaba, no la que podría haberlo ayudado mejor. ¿Para qué ponernos depre? Le llamaremos Herny.  Lo decepcionante de la situación, es que el recuerdo de ese sujeto suelo despertarlo yo. La gente me observa y comenta que tal o cual cosa se parecía mucho a lo que hacía él, a como lo diría él, como actuaría él.

Una locura.

Cuando escucho los lamentos del gentío, sus nostalgias con respecto a la extraña compañía que brindaba el individuo Henry, no puedo dejar de pensar en que quizá nos hubiésemos llevado bien. Recuerdo cuando lo conocí. No fue una ocasión específica, fueron sucesivos encuentros donde mi camino interfirió con el suyo durante un lapsus de tiempo. Me saludaba con simpatía, su barba canosa delataba tres días de insomnio, ojeras oscuras de tanto café, una gorra que disimulaba el despeinar loco de una mala noche, de una triste noche. Nadie lo notó en mayor medida. Vecinos, amigos, familiares sorprendidos por una tragedia que fue calculada con la fría precisión de la desesperación pura.

Sólo intercambié unas cuantas frases con el difunto. Siempre hablaba de libros que le gustaban, leía a Heminway y a Bennedeti, le gustaban las películas clase B. No tengo seguridad de que escribiera, pero lo más probable es que sí. ¿Qué es lo que escribías Henry? El muy desgraciado dejó todo preparado antes de morirse, ni una evidencia de pena, en orden, como si nunca se hubiera muerto alguien en aquella habitación. Nadie puede dar por seguro un motivo de su decisión, no le contó a nadie antes de morir, ni dejó cartas, ni casettes retro, ni nada. Cero reasons for why, bitches.

A veces lo recuerdo intentando conversar con él, pero como mi memoria es frágil, loca y antojada, y no se lleva muy bien con la imaginación, no hubo forma de que ese espectro de mi mente se comunicara conmigo, sólo venía a Henry con su mochila sonriendo. ¿Qué será de él? Si dios existe, lo más probable es que el miserable suicida esté quemándose de pena en las tristes profundidades del infierno. ¿Podrían concederle un espacio en el primer círculo a un Henry que fue un gran sujeto pero se le achicharró el sentido común? ¿Cuántos habrán muerto así?

Si dios no existe, debe estar a disposición de la burocracia del más allá ¿Qué peor castigo que ser empleado público por la eternidad?

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Lo más probable es que se encuentre en la eternidad de una dimensión paralela donde no puede sonreír, no hay estrellas de noche y de vez en cuando pueden ocurrir cosas fuera de lo común. Rodeado de seres como él, revive la vida y la muerte una y otra vez dentro de su cabeza.

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Sea cual sea su destino, detesto no haberle hablado antes. A penas escuché que uno de sus gatos se llamaba Heminway, debí preguntarle alguna cosa, seguirle la conversación, lo que sea. Cuando lo escuché me reí, pensé, pero no me acerqué. Después. Otro día. Mañana. ¿Y qué le digo? Y entonces me comunican que el pobre diablo se colgó en su habitación. Prendieron velas a una foto suya y poco a poco se fue olvidando su presencia. La persona a conocer más interesante de aquel entonces se mataba sin que se pudiera hacer ninguna mierda, porque la vida es imposible y la muerte nos llega a todos. No hay forma de volver atrás al siglo sin fin. Extraño tener la posibilidad de conocerle. Podríamos haber hablado de lo que sea, pero ya se murió.

Lo peor, es escuchar cómo se comportaba, que le gustaba, etc. Como para ir y volver a matar al triste Henry.

Le recordamos para colaborar a su trascendencia. O quizá no deberíamos recordarle, por alguna razón debió dejar todo en orden, para que su existencia llegara hasta ahí y nada más.

Conocer a las Font podría esperar si hubiera posibilidad de conversar con Henry sin necesidad de un pacto satánico o juego de brujillo siniestro. Más triste que la muerte de Cornell, por último en conocer a Henry había una probabilidad muchísimo más alta, muchísimo más tangible. Más real.

Ofelia, siempre Ofelia.

Publicado: 14/04/2017 de bocadecenicero en Historias de interés, Juventud desenfrenada

Ofelia es una muchacha treintona y extraña. Veterana de los ideales de la transición de los noventa, cuando todos odiaban a sus padres cobardes y celebraban a los tíos valientes socialistas; los pinochetistas se paseaban con descaro, pero sin el apoyo de los temerosos neutrales, parecían (y parecen) locos de remate con el cráneo repleto de aserrín. Volvía a estar de moda inscribirse en partidos políticos de diverso color pero mismo destino, y todos querían cambiar diez veces el mundo en una sola vida.

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La militancia llegó temprano al destino de Ofelia, es difícil resistirse cuando te hablan con lindas palabras sobre un mundo con el que sueñas todas las noches. No recuerdo dónde mierda militaba. Creo que era el MIR, aunque no estoy segura.

Comienza a desarrollar una personalidad de “chica cool” que proliferaría hasta sus años ejerciendo como docente. “Chica cool”, como nos ilustraba Amy, es el término que utilizan los varones heterosexuales para nombrar a lo que consideran una hembra ‘distinta’ atractiva. Que siga teniendo los atributos clásicos de las hembras reproducibles e humillables, pero que además tenga latas de cerveza en sus manos, disponibilidad sexual innovadora, apañe a comer papas fritas, y sea al cien por ciento sexy. Pues así era Ofelia en sus años mozos, y continuó hablando de ello a más de una década de aquel entonces. Orgullosa de sus anécdotas en tiempos donde aún se paseaba por los pasillos de una universidad estatal popular por ser una incubadora de snobs, lanas, hippies, modernillos músicos y varieté artística, en guerra constante por ver quién es el más revolucionario. Asidua competencia que desafía los sentidos. El infierno de la universidad católica de Chile.

Luego comienza su reputación como profesora ‘pasable’, título obtenido en  las conversaciones hormonales del alumnado. Muchos contaban que antes de su embarazo, tenía el cabello larguísimo y un torso de actriz porno; la verdad es que su cara no es deforme, pero algo en su sonrisa a mí siempre me causó una especie de desconfianza, ¡no tenía sentido!, las hembras revolucionarias que estaban ya pariendo sus propios bebés que revolucionarían la buena tierra del señor, debían de ser mis aliadas naturales, descendíamos de la misma raza, hablando la lengua de los desteñidos oscurantismos de libros que nos tragábamos como verdades absolutas.

La gran parte de mis profesoras del entonces en que me vi obligada a cohabitar con Ofelia, tenían similares características; podías enamorarte de ellas por las características que mencionamos hace un momento, poseer una o más de aquellas neovirtudes, las hacía populares entre los sobajeos y ensueños de sus alumnos más ilustrados. Por otro lado estaban los especímenes que las creían las diosas del saber, relativamente guapas, y con un conocimiento sin límites que te mantendría horas en la gloría mental.

Para que me entiendan. Ofelia era la profesora de psicología, filosofía y lógica matemática. No tengo una maldita idea de si ese título pedagógico existe, pero algo así contaba la incontenible información verbal del populacho colegial. Los que no se excitaban con el profesor de música, creían que ella era el profesor siglo.

La recordé porque es mi camarada de facebook. Siempre veo que sube cosas referentes a sus queridísimos alumnos de la jefatura de turno. Por lo visto, ahora, a diferencia de nuestros tiempos, mantiene a  muchos de los estudiantes y ex estudiantes en facebook, por lo cual sus publicaciones se han vuelto tediosos himnos políticamente correctos.

Estaba loca, y lo sigue estando. Me gustaría un día tener la oportunidad de decirle lo mucho que me desagrada, y desagradaba en ese entonces. En algún momento todos deberíamos volver a los maestros que más odiábamos, y viceversa, hablando de los derechos docentes, ellos también deberían reencontrarse con sus pesadillas laborales <<Mi trabajo es un limbo profesional enriquecedoramente miserable, y tú engendrillo del demonio lo convertiste en un infierno>>. Me pregunto cuántos vendrían a visitarme…

¿Qué le diría a Ofelia en concreto? Pues no sé. ¿Qué nos podría llevar a pensar que a nuestro Otro le importa lo que el Uno tiene en mente? ¿Realmente importa?

Juguemos entonces a que sí importa escuchar la opinión desinformada y desinformante de los demás.

Ella es una gran decepción. Cuando alguien te promociona la fachada de muchacha inteligente, libre y renovada, es decepcionante el ver la destrucción de la imagen. La gente cambia, sí, maduran dicen algunos. Pero resignarse, sólo resignarse, reproducir lo que se juró destruir, desmentirse en público, abandonar la idea de cambiar el mundo, aferrarse a la mentira rosa de la pedagogía, ahora enseñará a cambiar el mundo, porque ella nunca logró cambiarlo, no pudo filosofar y se dedica a enseñar la filosofía ¿tiene algún sentido? Y cuando vea que alguien se está sobrepasando de los límites de una libertad llena de nada y más nada, les dirá que no hay que llenar el vacío, hay que mantener la libertad vacía para agradar a los demás, ser cool puede ser cuanto más gratificante que destruir el mundo y armarlo de nuevo. ¿Y de qué creen que van a ‘vivir’ pequeños monstruos? ¿Con qué van alimentar a sus cisgenerados hijos? Porque, obvio, los van a tener ¿Crees que esos muertos que escribieron los novelones que te tragas vendrán desde el más allá del saber a pagarte el alquiler, a comprarte lo que se necesita para ser feliz?

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Creen que porque ella no pudo hacer nada contra la corriente de esa realidad que a todos imponen, sus estudiantes deberían hacer lo mismo, alimentarse con la absurda esperanza de sembrar semillitas de ‘saber’ en las mentes de los aletargados adolescentes con los que intercambia vida a diario, ¿de dónde sacan eso los profesores? Ya ni maestros podemos llamarles, porque nos hemos dado cuenta de que nos enseñaron puras estupideces en base a una gran falacia, centenares de horas arrojadas a la basura de un ocio establecido e institucionalizado, un universo de años dedicados a una gran nada.

¡Oh Ofelia!, si al menos te hubieses parecido un poco al Sensei, si quiera que tu discurso no nos hubiera confundido con respecto a quién eres y qué piensas. Recuerdo algunos de nuestros diálogos más célebres; cuando dijiste en mitad de una clase humanista que su hubieras sido una adolescente gay de dieciséis años, te hubieras fijado segurito en vuestra servidora. El momento más extraño de la adolescencia. Aún tengo tus palabras en la mente cuando me aventuré en la odisea de reproducir una serie de cuadros célebres a lo largo de la historia del arte. Bueno, esa vez te decepcioné, y logramos colgar las pinturas. Te encantaron ¿Recuerdas? Cuando expresaste a vox pópuli tu desagrado hacia los descendientes hembras. Cuando hacías arder la hoguera del odio, envenenándonos con la mentira histórica de la competencia femenina, el odio del género y el mito de Electra.

Incluso, uno de mis recuerdos más atesorados fue cuando discutimos con respecto al saber y al creer. Yo, manteniendo la tesis de la inexistencia del saber y de las asimilaciones lógicas que le atribuíamos al creer. Me diste una respuesta que encontrarte en alguno de tus librillos universitarios, en mi parecer, ni siquiera pensaste lo que te intentaba plantear. Me diste a entender en un instante y para siempre. Toda la mierda que balbuceabas te la creías en verdad. ¿Usted se cree todo lo que dice? ¿Quién? Pues como diría don Chinaski: pues buena suerte. Lo curioso del caso de Ofelia, es que se lo creía como quien le cree a las películas o los cuentos de hadas, se lo creía a medias, lindas palabras no aplicables en ningún sentido de la realidad cotidiana en la que la mayor parte del planeta está inmersa. No podía ver más allá de su delantal blanco.

De todas formas solidarizamos con Ofelia. Razón número uno, mi feminista favorita me insiste con la sororidad como mayor arma. Nada que hacer. Razón número dos, ¿a quién le importa lo que uno diga? Lo importante es rabiar un rato y nada más. Y razón número tres, siempre he creído que es una mierda enseñarle a un puñado de simios jóvenes, pendientes de sensaciones por ahí entre el ombligo y los muslos, que gritan, huelen, comen, existen, te odian, y tú tienes que hacerlas de niñero estatal  o privado, para ganar un sueldo no equivalente a todo el desgaste mental y físico. Al final de tu existencia recibes una pensión miserable cortesía del sistema de AFP instaurado por obra y gracia del general al que tanto odiabas de joven. Te pudres en un caserón cualquiera, recordando el tiempo en que creías rejuvenecer, ni la mitad de quienes te hicieron sentir una niña muy sabia recuerda tu nombre.