Archivos de la categoría ‘Random’

Test.

Publicado: 09/11/2017 de bocadecenicero en Random

¿Padece usted de fascismo?

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Amargo.

Publicado: 04/09/2017 de bocadecenicero en Random

Según nuestras fuentes (confiables como todo lo de internet), ayer (u hoy, confusiones de información) se celebra el día del amargado. Internacional. En conmemoración de qué, no se sabe. ¿Ser amargo por defensa u ofensa?

Como sea, nos deseamos un feliz día…

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1/4 de sabiduría.

Publicado: 25/05/2017 de bocadecenicero en Random

Vine con todas las ganas de hablar de algo intelectuals, profundo, posmoderno y decadente. Pero al comenzar a teclear me enredé en una serie de palabras sin sentido. No es como si lo que se publicara por estos lados tuviese algún sentido. Les hablaremos de algo según vaya saliendo.

Hace unos días andaba de paseo con mi feminista favorita; insistiendo en su idea de que nos vayamos a la mierda, algún otro país, ya que este país que tanto nos ha dado, también nos quiere quitar mucho. Como lo conocemos a profundidad, lo odiamos. Porque como dijo el señor Sabato en su Tunel frío, solitario, oscuro y huevadas, no hay nada que se odie más que lo que se conoce y se critica a profundidad. Hay que ir a vivir en otro país para odiarlo tanto más que a este.

En medio del paseo, nos encontramos con un puente de fierro suburbano en medio de la crema y nata de la ciudad jardín. Miré el depresivo estero a medio secar y lleno de mierda. Le manifesté “Mi sueño, es caminar por un lugar que sea propiedad de nadie”.

Me sentí tan profunda, una especie de Luther King patético y bolchevique. La liberación del negro bajo los países de ‘raíz’ blanca no se dio, no se ha dado, y dudo que se dé en algún momento. Cuando tienes el poder, no lo sueltas. Cuando tienes la tierra, no la sueltas. Mi sueño no será más que eso.

En este, nuestro aletargado tiempo, es imposible caminar por tierras libres de las leyes de los hombres. Que no te pillen no quiere decir que su jurisprudencia nos resbale por el hecho de que no lleguemos a un tribunal por pisar donde no debíamos pisar. Es otra forma de engañarnos a nosotros mismos. Creerse fuera de las leyes de cualquier estado es una reverenda estupidez sino una utopía. La aburrida vida en la Tierra ha llenado a todo de nombres, existencias

¿Han visto a esos sujetos que andan todos mugrosos y que son parte del lavado de culpa de los colectivos de jóvenes ‘conscientes’ que les llevan tesito y caridad a las doce de la noche en medio de una cruel helada? Esos son más libres que usted o yo. No importa lo que diga el gobierno de turno. ¿Los han odio hablar? Tres cuartos de divagaciones. El resto, verdad pura. Tocar fondo para hallarse libre.

Pero entonces, recordamos a ciertos anarquillos, como don Bakunin, que afirman que esa libertad individual de los vagabundos o de algunos alucinadores neoliberales no son más que niñiedades del individualismo. Si no hay sociedad libre, no individuo libre.

Si nos pusiéramos a caminar por el planeta, los satélites, los radares, todos esos enfermos del control nos detectarían a toda hora. No como parte de una fantasía paranoide, que no se mal entienda.

Lo más aterrador de un bosque frondoso es encontrar a otro ser humano. O en su defecto alguna monstruosidad de otro planeta. Pero como sabemos que visitar la Tierra es un suicidio seguro, no hay nada que temer a lo segundo. Hasta ver a un alien es menos aterrador que presenciar las fechorías de un imbécil que se cree con derechos por sobre la naturaleza. Darwin con su estupidez de los más aptos (más fuertes, como dicen algunos), le hizo más daño a la convivencia feliz que toda la maldita edad media con sus ridiculeces de brujas en la Tierra y ángeles en el Cielo. Nos contaban algunos mitos de por allá lejos en el tiempo que algunos humanoides varones temían del misterio oculto en las ‘mujeres’. Una cueva húmeda, solitaria, que en el fondo contenía una criatura de malevolencia pura y vida propia. Bajo esa premisa comienza la dominación de la especie ¿Se entiende la estupidez de la que queremos hablar?

Cuando era un punto infantil y pedestre, viajaba a un lugar rural, donde me escapaba a explorar lugares donde los pueblerinos ya no iban por falta de tiempo, interés o conocimiento. La sensación de sentir la naturaleza sin que haya ningún idiota en kilómetros a la redonda es indescriptible. Caminar sin la amenaza del asalto, de la violación, de la muerte, de la prisión, de los perros amaestrados, de las rejas con alambre de púas y concertinas oxidadas. Sin sus leyes absurdas de la propiedad, ¿quién mierda necesita adueñarse de tanto horizonte?

¿Será toda la especie humana parásita como nos cuentan los pesimistas? Cuando vez a esos hippies que dicen lo siguiente:

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Nos preguntamos como pueden ser tan idiotas ingenuos para creerse una prataña como esa ”il himbri discibriri”, el día que todo aquello pase, los que van a joder seremos nosotros. Esos omnipotentes que todo lo pueden tendrán su paraíso futurista con juegos de azar y mujerzuelas.

 

Sana e.

Publicado: 14/04/2017 de bocadecenicero en La Imagen, Random
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Como estamos en semana santa pensaba que podríamos publicar una entrada sobre alguna película del víacrucis, pero en realidad no tengo ni ganas de ponerme a pensar en Jesús de Nazaret, La Pasión de Cristo, La Última Tentación de Cristo o siquiera en Jesucristo Super Estrella. La verdad es que el cine de la semana santa nos recuerda lo mucho que pudo ayudar la iglesia para que las películas no sean un pobre aliciente para la fe, pero no lo izo, y muchas de las producciones en ocasiones nos resultan risibles. Como sea, una gran flojera nos invade, así que en vez de hablar sobre Jesús y su vida y todo eso, nos quedamos con un sensual retrato del varón que por humildad o misoginia se hizo varón y nos regaló un gran feriado de descanso a todos sus subordinados asalariados (y a los que no también). El ateísmo debería agradecer la invención del cristianismo número uno: los descansos para agradar al señor en meditación y reposo.

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Please, stop de musique.

Publicado: 09/04/2017 de bocadecenicero en Random
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Mi relación con la música nunca fue de las mejores. La casa de mi infancia no era muy sonora. Ya a fines de mi estancia en aquel hogar, cuando mi hermana llegaba a adolescencia y mi madre a la locura, se oían de vez en cuando alaridos de ambas partes, al bañarse, al hacer el aseo. No es que fuera del todo molesto, pero tampoco era lo que mis oídos inocentes estaban destinados a oír.

Con los años he logrado acercarme más a la música. Sin embargo, no la comprendo. Muchas veces me molesta. Pero igual la necesito para desarrollar ciertas actividades, como para caminar por la calle o para ignorar a la gente.

Una de las tiránicas instructoras voluntarias sobre canto que tuve alguna vez, se tomaba la música demasiado en serio. No menosprecio el arte, sería miope e intransigente de mi parte; no es eso. Sólo que la música, por alguna extraña razón, se ha extralimitado en sus alcances. Socialmente es superior a cualquier otra expresión más silenciosa. He conocido una buena cantidad de sujetos que juguetean con instrumentos (en su mayoría tocan la guitarra), unos mejor que otros. Un centenar de vocalistas (las féminas encabezan la lista). O simples coleccionistas aficionados al sonido, ¡cuál de todos más sordo!, aman cualquier música, siempre y cuando suene como el estruendo del juicio final; tal como el astronauta que llegó a tener más de 5000 canciones en un computador viejísimo (al computador había que ponerle el ventilador de la casa porque no funcionaba el suyo y se apagaba por recalentamiento, y nosotros nos cagábamos de calor sin ventilador; lo pasamos bien con esa maquinita). Todos ellos constituyen el 80% de la gente que conozco o he conocido, un porcentaje muy alto a mi gusto.

Recuerdo que en ocasiones ciertos músicos me presionaban constantemente a escribir canciones. Yo lo odiaba. No tengo ni pinche idea de cómo mierda se escribe una canción. Claro, si uno puede juntar una o dos frases, puede escribir a la perfección una canción que le llegue al alma de algún público determinado. Por supuesto. ¡Necedad! He visto a tantos malos músicos cantando canciones deprimentes que salen de sus extrañas mentes ególatras que les dicen “por supuesto, eres el mejor”, como la gente que sube sus selfies, o las fotos de sus horrendos bebés, los que se anuncian como un gran artista “hola, soy malabarista y me llamo Juan”, o los que escriben un blog de mierda podrido como toda la internet olvidada de la maldita buena tierra del señor. ¡¿Por qué tanta vanidad?!

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Yo no quería escribir una canción. He escuchado canciones que me han dado en  un nervio, y dudo mucho que yo podría alcanzar ese nivel de cercanía musical con los otros, o conmigo. Pero no hay como aplacar ese sentimiento de grandeza imaginaria que los músicos han desarrollado en el último siglo, o sea, los más pobres, o ignorantes, los siervos de la gleba de nuestra pútrida sociedad comercial desean ser futbolistas, modelos, grandes personajes de la televisión con senos tiesos enormes y cerebros pequeños, burdos cantantes populares en casos más talentosos. Mientras que los niñitos cultos, intelectualoides de tomo y lomo, ovejas fuera del rebaño, pero ovejas al fin y al cabo , soñamos con ser estrellas de rock, hippies amados por la multitud, cantar a las injusticias con tonadas complejas y emotivas, llenos de talento y pasión. Uy. Sí, nos iremos de gira, y la meta será Japón, la cúspide de la existencia por medio de nuestro melodioso andar.

Pero claro, esta clasificación sólo se aplica a los soñadores sin remedio. Puesto que la gente un poco más compuesta, con los pies bien puestos en la mierda, sueñan con carreras lucrativas, bienestar económico familiar, vacaciones a los paraísos bien pagados.

No nos sentimos tan afín a la música. Sí, nos gusta escucharla. Sí, también soñamos con dar un concierto ante un público que nos amaría. Pero desgraciadamente, a nuestro entender, el talento no nos acompaña, y mucho menos la pasión. ¿Cuántos se sentirán así?

El ‘mal’ músico me da tanto o más miedo que un mal escritor o un mal dibujante. Por lo menos con los últimos dos uno aprende lo que no tiene que hacer. Pero un mal músico es una ratilla astuta que logra poner en desarmonía los oídos, de alguien, de quien sea, de gentes que no son tan difíciles de encontrar, a diferencia de los parturientos de las malas esculturas o el mal teatro. Producen desconfianza esos ukeleles inocentes, el yembe de la buena onda, una dulce voz que nos aterra por su descaro imprudente, penetrante, invasivo. Un libro no lo lees y ya, cierras los ojos y la pintura se esfuma, pero una canción te persigue, una horrible mal formación genética nos impide cerrar los oídos para olvidar que el llanterío está ahí. Se te pega la letra, la melodía te busca con sus pegajosas manotas. La pesadilla de escuchar todo el tiempo.

Recuerdo a un don Ricardo (no ocultaremos su nombre esta vez, era un buen sujeto), que me enseñó lo que a Lisa le enseñó su maestro de música “Hasta el concierto más noble puede ser despojado de su belleza”. Este profesor estaba tan obsesionado con la idea de la difusión de la música (como si la Tierra necesitara más ruido), que insistía en que todos tocaran instrumentos, por muy feo que fuese el instrumento o por muy bruto que fuese el alumno, no, él no era capaz de decirle a los adolescentes en proceso de formación de una personalidad delimitada, que eran una papa para la música, tubérculos insipientes y deprimentes. Ese Ricardo me destrozaba los nervios y los oídos con su orquesta de aullidos agónicos de malas voces con instrumentos que suplicaban perdón, cada vez que irrumpía en sus dominios. Nunca nos llegamos a entender. Era un buen sujeto, como dije, pero esa insistencia en la uniformidad del arte, me repelía un poco.

¿Han odio hablar de aquellos que de repente les gusta sentarse a escuchar música?; y sólo eso, se la pasan en youtube o spotify, chequeando canciones nuevas, sufriendo nostalgias con las antiguas. Impensable. O en las chinganas de la juventud, en momentos donde ya no hay de qué hablar, porque de todos modos nos teníamos, ni tenemos, ni tendremos nada que decirnos entre los asistentes, más que mal queríamos estar drogados o ebrios sin sentir tanta vergüenza o soledad, y la música suena, y uno que no empatiza con el bullicioso silencio de la música en el fondo de una escena vacía, se toca las manos, mira a los asistentes a ver si alguien se le ocurre algo de qué parlotear. No señores, eso es desesperación pura.

A modo de conclusión hemos decidido devolver un poco de dignidad al arte más vaciado de todos. En nuestro entender, la música es un ácido aderezo para las imágenes, que las hace más sabrosas, más dichosas. Las imágenes solas no son tan exquisitas, a diferencia de lo que su pretenciosa presencia intenta decirnos. Las músicas nos hacen salivar demasiado, tienen un gusto raro. Pero una buena imagen junto a una buena música, es una gloria orgásmica.

De cómo el feminismo me cagó la vida.

Publicado: 08/11/2016 de chinchimenee en Opinión, Random

Hace unos días uno de nuestros constantes colaboradores, nos llegó con la noticia de que había asistido a un seminario culturals de brujas. Algo así como una tarde feminista. Entonces, trajo una serie fansines y folletines varios. Para variar, la curiosidad me mató nuevamente, y nos pusimos a intrusear lo que tenían que decir las féminas de vulva en mano. Algunos eran lo de siempre, aborto, comunidad, hermandad, sororidad, lesbianas, etc. Sin embargo hubo un colectivo en particular, cuya publicación me llamó mucho la atención, “El proyecto Verde Flúor”. Que no se trababa de un grupo de lunáticas velludas empecinadas en cambiar el mundo. No. Esto era mucho mejor. Feministas radicales que querían destruir el mundo, para crear un nuevo. Primera vez que un discurso feminista me llega realmente a lo más profundo de la razón.

Sin más preámbulo, nos quedamos con esta especie de poema que rescatamos sin permiso de las chicas flúor. Disfrute.

El feminismo me cagó la vida
ningún lugar volvió a ser habitable como antes.
Yo era perfectamente rebelde: médica para los pobres,
con conciencia política de izquierda, lesbiana “orgullosa”
me sentía libre de cualquier prejuicio.

Al feminismo no entré, me entró:
entró en mis libros, en mi cama, en mis insomnios.

Perdí mi casa, mi trabajo, mi novia.
Mis amigos comenzaron a mirarme raro, soportaba cada vez menos los eventos familiares.
Me molestaba todo lo que me hacía sentir segura.
Empecé a dudar cada vez que creía estar cómoda.
Empecé a vivir en un estado de crítica constante,
de eterna suspicacia,
no volví a tener una certeza nunca más.

El feminismo no es complejo, es desgarrador, es implacable.
Cuando se mira, y no se puede dejar de ver.

Me dicen que soy radical y pienso: ¿cómo puedo ser feminista a medias?
Yo no quiero cambiar el mundo, quiero destruirlo y hacer otro nuevo.
Aspiro a esa liberta que todavía no conocemos.
No tenemos referentes.
Para saltar al vacío, sólo contamos con nosotras mismas
y lo que nuestras ancestras tienen para decirnos.

Hoy tengo trabajo, voy al supermercado, disfruto lo que queda de este mundo.
Me emborracho y me drogo con frecuencia pero vivo en una casa,
pago mis cuentas y hablo con la gente cosas cotidianas, trato de no llamar demasiado la atención.
Me cuido.
No sirvo deprimida ni muerta ni presa ni encerrada en un manicomio,
que es donde el sistema nos confina, ahora que ya no se estila quemarnos.

El feminismo me cagó la vida y lo agradezco.
En realidad, lo único que perdí fue el miedo.

-Osa Flaca Flúor, El proyecto Verde Flúor.

Y casta.

Publicado: 06/11/2016 de bocadecenicero en Cosas de administración, La Imagen, Random
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Estaba hurgueteando wordpress, porque la aburrida vida en la Tierra para los que vivimos en un lado piola de occidente (para los que se quejan, podría ser peor), nos obliga a “matar el tiempo”, como si el estado de la materia que reina en nosotros en este momento, fuese eterno. Y bueno, pues, me encontré con la configuración de la página; os comparto para que disfruten de este breve momento de humor.

puramierda