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Vamos con un clásico de la comedia:

The Big Lebowski, El Gran Lebowski, es una película de comedia estadounidense del año 1998, escrita, dirigida y producida por los hermanos Coen (Ethan y Joel).

Fue una película que en su momento, no causó gran impacto, siendo una decepción en la taquilla (obtuvo apenas una recaudación de 17 millones de dólares, de un presupuesto de 15) y sin mucho ruido por parte de la crítica. Sin embargo con el paso del tiempo la película ha aderido una serie de fanáticos, se considera hoy en día una película de culto, incluso, a tanto a llegado su popularidad que desde el 2002, un grupo de seguidores organizan en Lousville, Kentucky, un festival anual conocido como el “Lebowski Fest”.

Fue estrenada en el Festival de Cine de Sundance, y estuvo dentro de la selección oficial de largometrajes en el Festival de Berlín, fue nominada a Mejor Película en los Empire Awards, obtuvo 3 nominaciones en Satellite Awards (incluyendo Mejor Actor), y en los premios del cine Europeo obtuvo una nominación al Premio Internacional.

Estamos en los locos inicios de la hermosa década de los 90, plena Guerra del Golfo, en Los Ángeles, California, vive un curioso hombre llamado Jeffrey Lebowski (Jeff Bridges), conocido como El Dude (o el Nota o el Fino, para las versiones dobladas), un viejo desempleado, amante de la marihuana y de los rusos blancos. Tiene a dos mejores amigos, su mano derecha Walter Sobchak (John Goodman), loquillo veterano de Vietnam, impulsivo, con ideas raras y lleno de ira. Y el escuálido Donny (Steve Buscemi), un clásico amigo complaciente, aplastado por quienes lo rodean, pero aún así, un muy querido amigo del trío. Todos comparten el amor por los bolos, lugar donde acostumbran a reunirse.

Un día El Dude es confundido por unos matones profesionales quienes desordenan su casa y orinan la alfombra; había sido confundido con un multimillonario que también se llama Jeffrey Lebowski, paralítico casado con una muchacha llamada Bunny (Tara Reid), quien tiene una deuda con el jefe de los sicarios, un magnate de la pornografía llamado Jackie Treehorn (Ben Gazzara).

Como le orinaron la alfombra, el Dude se siente personalmente ofendido, y decide hacerle una visita al tocayo multimillonario. Obviamente nadie le hace mucho caso, y decide llevarse de todas formas una alfombra de la casa del otro Lebowski.

El asunto parecía saldado, pero entonces llaman al Dude unos días más tarde, ya que la mujer del multimillonario, Bunny, ha sido secuestrada, se piensa que por los mismos que orinaron la alfombra del Dude. Se le pide ayuda para que haga el intercambio (dinero por esposa); pero en la operación se cuela Walter, quien cree que Bunny se “auto secuestró” por el dinero.

De ahí en adelante el Dude y sus amigos, comienzan una graciosísima epopeya entre dinero, ropa sucia y la mujer del multimillonario, con muchos enigmas dignos de una película policial, todo con un elegante toque de humor.

Muy entretenida la película, el personaje de Walter le da todo el plus de humor, un humor muy irónico, muy especial, más que mal él es un hombre un poco desviado con ideas radicales, suponemos que la guerra lo dejó así xD. Esa escena final donde arrojan las cenizas, dios, es para morirse xDDD, casi me ahogo de la risa.

Me pareció extraño saber que la película no tuvo mucho éxito en su lanzamiento, porque es bastante entretenida, yo si hubiese pagado por ir a verla :v Quizá, el humor que contiene la película fue lo que gatilló “su fracaso”, porque tiene chistes muy especiales, no son para todo público.

Recomendable :B

“A Los Angeles le dicen ‘la ciudad de los ángeles’. Pero yo no encontré ese nombre muy apropiado. Pero admito que hay gente buena allí. Aunque no puedo decir que visité Londres ni tampoco estuve en Francia ni tampoco vi a la reina en calzones como dicen por aquí. Pero les diré algo. Después de ver Los Angeles y contarles esta historia supongo que he visto cosas tan extrañas como las que se ven en esos lugares y sucedió en mi idioma así que puedo morir con una sonrisa en los labios y sin sentir que el Señor no fue justo conmigo.”

Hay que reconocer que en medio de desvaríos de juventud, me incliné bastante a la cultura punk. Fue entonces cuando entre dioses salvando reinas y cerebros colgados boca abajo, me encontré con esta maravilla infravalorada:

SLC Punk, es una película independiente estadounidense de 1998, escrita y dirigida por James Merendino. Se le conoce como la “Trainspotting americana”, ya que luego del increíble éxito artístico y en la taquilla que tuvo la cinta europea, se intentaron muchas “copias” o más bien imitaciones del estilo; sin embargo ninguna tuvo la fuerza para hacer una película visualmente atractiva, divertida y además, crítica. SLC Punk fue la que más se acercó en medio de ese boom.

Las siglas SLC, corresponden al lugar donde se desarrolla la mayor parte de la película: Salt Lake City; capital del estado de Utah, Estado Unidos.

Todo comienza con un joven de la corriente punk llamado Stevo, encarnado por Matthew Lillard, en tiempos donde la cultura punk se remitía al antisistema y anarquismo casi puro, por ahí a mediados de la década de 1980.

Sumado a ello, el pobre anarquista vive en Salt Lake City, en Utah, una ciudad ultra conservadora y con una fuerte raíz religiosa por su amplia población mormona. Simplemente cualquier tribu urbana es como un grupo de extraterrestres.

Junto a Stevo, tenemos al muchacho “Heroin” Bob (Michael A. Goorjian), el más sano de los punks, un antisistema que nunca se ha drogado y que le aterran las inyecciones. Su mejor amigo, compañero de parrandas y acompañante en el piso ocupa donde viven.

La película en general es un vaivén de situaciones cómicas, de buenas anécdotas de ser idealista, un popurrí de todo lo que rodeaba (y aun sigue rodeando) a los jóvenes inmersos en diversos universos sociales y culturales, dentro de una misma ciudad, donde se pelea por la supremacía ideológica, con esa obsesión por la “pureza” de una ideología, de un estilo (una visión romántica por lo demás, que en nuestra sociedad actual, lamentablemente, ya no existe).

Es mucho más que un cabello azul y una A en un círculo, es una forma de mirar el sistema, que 3 décadas después sigue igual de podrido, el protagonista nos va mostrando las contradicciones en las corrientes de pensamientos, incluso la suya, en corrientes de pensamientos que parecen ser sólo una forma de vestirse. Una bonita mirada y muy bien hecha.

“Tengo 18, y les puedo decir… ¡Jódanse!”

Siguiendo con la línea del señor Sylvain Chomet, nos quedamos con uno de sus cortometrajes sobre una dama que alimenta palomas… excelente :v