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¿Comprenden?

Publicado: 10/07/2017 de bocadecenicero en Alternativo-world
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A propósito de que ya llegó a Chile el famoso Bus de la Libertad, comandado por un grupo religioso (no faltaba más) y auspiciado por un aglutinamiento fascista que se ha estado ratoneando en la prensa para que no aparezcan sus nombres como parte de la campaña, qué trucaso ¿no?

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Recordé un cuento de juventud, de esos que hablan de cuando uno se creía activista LGTBIABCD+ para crearse alguna carcasa contra el mundo de mierda en el que te tocó caer siendo gay (o similar), y te enfrentabas a todos en pos de los derechos de ciudadanos excluidos del sistema al que desaprobabas, exceso de ira hormonal que da en la adolescencia, acababas uniendote a la conspiración mundial de lobbies que quieren masacrar a la humanidad; sería un gran regalo para el planeta. Y dado que no es el caso…

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Te aprendías toda la terminología psicoanalítica, biológica, antropológica, histórica, artística, etc. O al menos lo básico. Heterosexual. Homosexual. Bisexual. Y sigue. Ni en una prestigiosa casa de estudios se aprendía tanta cosa como en las clases de la oralidad popular. Se pasaba de boca en boca (de vez en cuando, muy literal la transmisión), una valiosa información que no encontrabas en otros lugares, que podría ser incompleta, medio errada, sumando las concepciones real-maravillosas, algunos se podían corroborar leyendo un poco, pero habían otros demasiado místicos para entrar en la dimensión de la analítica formal (como un millar de información que los folios oficiales no contemplan, risible). Dialéctica de los desviados, que debatían, asociaban. Era información que además de ayudarte a sentir mejor contigo mismo (si hasta de política aprendías), te daba más razones para andar de niñato peleón.

Y entonces, en una sala de clases de la cual no quiero acordarme (¿por qué alguien querría olvidar algo de la Mancha?), había un pedagogo de Historia de Chile y Universal, muy particular, gustaba de ciertos placeres ocultos con ciertos intelectos inmaduros masculinos y de los sinónimos sin fin de las palabras al dictar.

No sabemos cómo, en un innumerable transcurrir de horas quemadas haciendo la nada, se saca a colación el tema del matrimonio igualitario.

A pesar de que esa redundante información circulaba hace décadas en el rubro, aún no era común pelearse como hincha borracho por aquello. Los que salieron del closet en época de tribus urbanas, ya estaban listos para dejarse pudrir en conformidad, y pelear por su lugar en la enferma sociedad. Intolerante sociedad. Los más doctos, sin embargo, ya tenían el debate ardiente, mucho antes que el resto de la chusma, esa menor enajenada, que si no se le conceden sus deseos de estabilidad existencial, estalla en incomprensión, dando paso a una revitalizante y purificadora quema de brujas. Nada más ver lo que ocurre en Rusia. Una pena.

Un individuo dentro del alumnado, quien se identificaba como miembro activo/neutral dentro del rubro, ferviente oyente de las pláticas del populacho minorista, tenía arcoíris en blanco y negro, pero siempre con la apertura cerebral dispuesta al diálogo pedagógico cual embajador de una tierra exótica. Al fondo del salón, levantó la vista para escuchar una humilde opinión de la soberbia ignorancia de quienes defienden el estancamiento.

En la palestra, el representante del Ministerio de Educación en forma de ángel pregonero de la sabiduría, encubierto, y de parte de vosotros, en secreto, chicos, no temáis. <<Sí claro>>, pensó fugaz el discípulo cuya apreciación ética hacia la figura de autoridad de turno, se distorsionaba de mal en peor con cada palabra que escupía. Su discurso consistía en afirmar que los ciudadanos (¡y todo en pleno estudio de la Revolución Francesa!), de cierta condición, no deberían acceder al matrimonio, y no porque todas las personas no sean iguales ante la ley (o ante la cama), es más bien, una incomodidad dentro de mi zona de confort, ¿comprenden?, queridos, no se trata de negar o de dar permiso, esto es por los que son más pequeños.

A muchas cabecillas confundidas atrajo el poema del maternal aplomo ignaro; pues mis hijos, ¿comprenden?, la más grande entendería, es lista, y ya tiene edad para notar que existe más gente en el planeta además de ella misma. El más chiquito, sin embargo, ¿por qué debo someterlo a los horrores realidad  si aún al bostezar deja una insípida fragancia de leche agria?, y para rematarla, agitando esa parte del labio donde podría reposar un chaplinesco bigote, una arruga en la frente digna de ser coronada con un engominado hacia el lado, animando el alegre conjunto de una sentencia nacionalista, ¿cómo le explico a él que dos del mismo sexo se estén besando en la calle?

Para quienes no tuvieran una carcasa de conocimientos suficientes para sospechar de cualquiera que le pudiera estar noblemente sirviendo al Gran Hermano o a la Matrix, cayeron en un silencio de admiración, conmovidos por verse reflejados en algo que jamás se dieron en trabajo de analizar, pero que ahora se les aparece en bandeja, como para no tener que volver a recapacitar.

Aterrados, sin embargo, sólo uno. Chiquilla, que andabas entre las piernas de Psique a cara descubierta, dejando en ridículo a Cupido y su pretensión de amor incondicional, haciendo fama en una isla de conglomerado demoníaco, bajas a las profundidades de la realidad establecida, libre de cualquier corrupción liberal en todas sus eras, para darte cuenta que hasta quienes dicen conocer el camino hacia la libertad, cierran ante ti la guillotina de advertencia, para la próxima te parten en dos si quieres cruzar los límites de la igualdad, porque cuando dicen todo, es un todo a medias, la mitad hembra, fuera, el resto descarriado, fuera; tener un pequeño aletargado campo de materia gris es el escenario perfecto para no comprender bastas cantidades, bastos universos.

En esa sala pudo armarse una pelotera de proporciones bíblicas, la alumna observa la triunfal expresión en los ojos de quien tenía el descaro de declarar en su propia cara que el País de los Arcoíris no es más que una fantasía progre incompatible con nuestra naturaleza recelosa y espuria. Lo importante no es discutir si son seres humanos como usted o yo, lo importante es no dar autorización para quienes piden a gritos la tranquilidad de vivir.

Un combo, tan simple como la proclama, un puño cerrado avanzando a velocidad de furia marica, furia segregada, fortificado por las vitaminas que te proporciona comer rabia a diario, un combo en la cara de esa docente habría sido suficiente para hacerle notar el desacuerdo. No se dijo nada, se aceptó la porquería que provenía de la universitariedad profesional de alguien que se da licencia para iniciar un debate en desigualdad de condiciones, cuando eres acreditado (por quien sea) tienes la confianza para destapar tus payasadas con la impunidad de la libertad de expresión, olvidando que la libertad acaba con los derechos del prójimo; y si el prójimo no tiene derecho, mejor, más libertad.

¿Qué se hizo entonces? No se habló más del tema, se dejó pasar, dejó su estela apestosa impregnada en quienes lo reproducirán, sin pensar en ese individuo en formación, sus aspiraciones truncadas (aunque ¿quién quiere casarse?), es ahí cuando un joven no interesa, ahí dejan de ser personas y pasan a ser reflejo de sus padres, o un error perverso de las maquinaciones de quienes atentan contra natura, madre trastocada que es manipulada al antojo de soberanos con el banderín de la verdad que se aplastan unos a otros. Un clásico.

El Bus de la Libertad (libertad de odio, libertad de repudio), no sería lo mismo si llevara mensajes racionales biológicos calificando a los religiosos de sujetos delirantes, absurdos, tergiversando una vislumbre, pincelada de un libro de editorial dudosa, de primaria pobre. Vergüenza.

Todo esto no es un atentado contra quienes lo están atajando, esos que cubrieron de multicolor el Naranja Mecánico de la ultra violencia sobre ruedas, con convicciones claras, con apoyo, con lo que sea, no es contra ellos que el mensaje capcioso puede dejar abismos no aceptación propia; por ahí habrá alguna muchachada insegura, en pleno descubrimiento de qué es lo que necesitas para vivir acorde a lo que ocurre en tu interior, verán el mensaje y comprenderá, como quien no puede reventarle la nariz a machucazos a una profesora que se esconde tras la incomunicación generacional, esta sociedad no es para ustedes. Que les quede claro. ¿Tolerancia? Un absurdo de corrientes de izquierda feminazistas y mariconas que le llenan la cabeza de pajaritos a quienes no se pueden defender, que, paradójicamente, son los más peques. Ataque directo a los que no se pueden defender, en pos de los que no se pueden defender (¿?)

¿Nos sorprende la incongruencia de la lógica cristiana?

No.